martes, 8 de enero de 2008

Sociología en el metro de Bilbao. Gratis total.



Voy a diario en el metro y me gusta hacer sociología, que no es que sea barata, es que es gratis. Si tienes un horario regular sueles encontrarte con las mismas personas en las escaleras, en los molinillos de entrada, hasta en el mismo vagón y en el mismo rincón. Salvo que llegues por los pelos, siempre eliges la mejor puerta para a la llegada salir antes, a no ser que te interese ir con alguien. Dentro se ve todo tipo de actitudes, los que intentan leer un libro sin distraerse, los que van enganchados al MP3 (la radio no se sintoniza y es una pena), los que leen los periódicos gratuitos que son mayoría o los periódicos de pago, los adictos al teléfono móvil, y los que como yo, curiosean y lo llenan todo de miradas pegajosas. Mi recorrido no es muy largo así que tengo que mirar deprisa, analizar gestos, murmullos, conversaciones, estar atento a la comunicación no verbal, a esas miradas somnolientas o cargadas de energía según sea la persona, y por último no perder mi estación.

Llevo ya 4 años yendo y viniendo en metro y nunca he visto un altercado, una discusión a gritos o una mala contestación, claro que a las 8 de la mañana la gente no está para ruidos. A veces me gustaría poder escuchar lo que piensan, no todos a la vez sino uno por uno, saber en qué se afanan, escuchar "vaya, no me he estudiado justo lo que va a caer", "hoy tampoco me apetece ir a trabajar", "¿habré cerrado el gas?", "no sé por qué me ha contestado así", "no soporto al jefe", "¿qué hace ese mirándome tan fijamente?". Me encanta observar los movimientos nerviosos de la gente, ese que se mira una y otra vez el reloj, la que se afana por ver en qué estación estamos como si dudase de que el tren no se haya parado en alguna, la persona que se fija en una y sola en una de las viajeras y piensas que ni con 20 duchas se va a quitar semejante "manoseo de ojos", el que abre cada poco su bolsa temiendo haberse dejado algo, la que no quiere que la miren y pretende ser invisible, la que se exhibe al entrar y al salir, porque ella lo vale, el que no quiere que le mires el periódico gratuito no ya por encima del hombro, sino por la parte contraria a la que está leyendo.

En fin, os propongo un juego: allí donde viajéis, sea el sistema de transporte que sea, contadme lo que veis a diario. No nos hacen falta Ken Folletts, que no escriben tan bien, para demostrar que nosotros también sabemos describir la realidad. Nuestra realidad.

9 comentarios:

xabiermen dijo...

yo los vierne cuando voy en metro siempre me encuentro a un chico y una chica de mi edad. Pero nunca me he fijado mucho en ellos.

fernandoj dijo...

Podría escribir una biblia de las miradas que se producen en la biblioteca a la que voy casi a diario desde hace años.

Pos no me habrán "cogío" veces mirando a mis congéneres femeninas, ah!!! y que yo también alguna vez he sido el cazado por esas miraditas esquivas ;-) Las mujeres enseguida se ponen coloradas, jejeje, si es que hay miradas que matan.

Lo importante es saber no incomodar.

mikel dijo...

A mí me gusta fijarme en las manos, en si son agradables a la vista, limpias, bien cuidadas y sobre todo en cómo se mueven, cómo las agitan o cómo las esconden. Aunque tengo días, y en verano se me van los ojos a los pies; a veces me da por fijar la mirada en alguien más de la cuenta, ojo contra ojo, cambiando de uno a otro, más allá de la cortesía por ver cómo reacciona la gente, pero sin molestar, claro.

Para iniciar la mañana es un buen deporte, en serio.

quecaro dijo...

Busco un sitio y me pongo a leer el libro que lleve.Me concentro con una rapidez increible!.
Aveces sin levantar la vista, cuando noto que se sienta un tio al lado intento imaginar su cara por un instante.Pero vuelvo a lo mio, seguir leyendo.
Me gusta mirar a los que van dormidos, me dan siempre angustia pensando que se pasan de estación, me da ganas de despertarlos, pero por otro lado me gusta verlos dormirse, cabecear, es aveces lo más humano que veo en el metro un hombre o una mujer soñando.

Un día tuve un flechazo en el metro, me baje donde se bajó el tio.Trabajaba en una librería...era igual a De Niro con un egunkaria desplegado de lado a lado del asiento.
Es la mayor locura que he hecho.

xabier dijo...

abeces cuando noto que alguien me esta mirando desde el otro lado del bagon le miro directamente a los ojos y es curioso como la tia se queda mirando y hacemos como una guerra de ver quien aguanta mas tiempo mirando fijamente a la otra persona. ya se que puede llegar a ser incomodo pero me gusta ver como reacciona la gente cuando les miras directamente.

mikel dijo...

"A veces" Xabi y vagón con V, ¿vale? Y algún día tanto tú como yo nos vamos a ganar una leche por semejante actitud que la gente considera un desafío, de mala educación y no se qué más cosas. Pero bueno, con no mirar a quien te taladra tendrían suficiente, ¿no? Los ojos son dos globos para captar inforemación. Punto.

quecaro: una historia muy bien contada y lo de bajarse después del flechazo, uyy, me ha ocurrido varias veces, bueno, la intención porque en realidad no sigo la estela del amor de mi vida que se aleja por el andén.

fernandoj: Esas pilladas se solucionan con una sonrisa casi siempre. El que se suele poner colorado soy yo.

quecaro dijo...

soy incapaz de estar mirando fijamente ,suelo utilizar el reojo con rebote en cristal.
Me suele pasarde estar leyendo, y de repente notar que me está mirando alguién, levanto la vista y extraordinariamente caigo sobre los ojos del que me están mirando.
Esto no creo que se pueda explicar.

La historia es real, luego ya le volví a ver más veces, pero un tio que no se da cuenta de estas locuras....tenía que haberse vuelto y decir:"Escucha soy de la izquierda "arrantzale", ¿tú eres de la bofia o qué..?" a lo que yo le hubiera contestado....

Pero esta es otra historia;-)

Pensandolo bien, tenían que llamarse así: la izquierda arrantzale.

Noemí Pastor dijo...

Hola, Mikel. Yo también soy aficionada a la sociología de garrafón y ya tengo escrito en alguna parte de mi humilde blogsito que el transporte público ofrece grandes posibilidades de observación de la conducta humana.
Yo cojo el metro a las siete de la mañana y soy la única de mi vagón nacida en la Europa occidental, lo cual lo hace doblemente interesante.
Los sábados por la noche sí que pasan cosas literarias en el metro. Hasta pronto.

Anónimo dijo...

en la ciudad de México, se podria escribir : la violencia en el transporte colectivo como sistema cultural. no necesariamente peleas y discusiones, que si las hay, sin embargo la encrucijada diaria de viajar en él atañe a violencia en un sentido amplio y complejo. saludos sociologos.