miércoles, 23 de junio de 2010

Casi acabado el curso, un detalle de mi alumnado. Y un homenaje merecido.


Situación1: Tren de vuelta de Bilbao a Berriz, más o menos a mitad de camino. Vagón del centro con unos veintitantos adolescentes de 14 y 15 años, ruidosos pero formales. En el último vagón entra un hombre de origen sudamericano por su color, armado con su guitarra y se pone a cantar. Revolución en el vagón del centro, el nuestro, cuando lo ven a través de la ventanilla de la puerta entre vagones ¡Glub! Me temía lo peor, esto es, una panda de adolescentes metiéndose a saco con el juglar, así que me preparé para levantar la voz en el momento adecuado. Acabada su actuación, pasa a recoger lo que le da la audiencia y se dirige a las puertas intervagones. ¡Glub de nuevo!

Situación2: El cantor entra en nuestro vagón y... cerrada ovación de mi alumnado. Atraviesa el primer descansillo, pasa por delante de todos nosotros diciendo "¡qué público más maravilloso!", y se dispone a cantar en el segundo descansillo, en la puerta del fondo. A ver, veintitantos sacos de hormonas, un cantante sin demasiada potencia de voz, pues el urbanita que tienen de irakasle veía venir la tragedia: boicot a la actuación, cachondeo, mofa, befa y otras lindezas. ¡Glub por tercera vez! Y... Pues nada, empieza a cantar una triste balada de desamor, y mi alumnado le escucha con todo el respeto, sin hablar demasiado alto para no molestarle, y al acabar le regala otra ovación descomunal y ocurre lo más alucinante: gran parte de ellos echaron mano a sus monederos, a sus bolsillos y sacaron lo que tenían (yo no, estaba alucinado). Alguna de mis alumnas le dio hasta 2 euros "porque no tenía suelto". No me extrañó que al pasar al otro vagón fuera de nuevo diciendo, y ahora con mucha más razón, "¡qué público más maravilloso!".

Esto sólo era una anecdotilla que les hace justicia. Mi reflexión viene abajo.

La calidad humana de esta gente de la Bizkaia profunda está fuera de toda duda, y a lo largo del curso me han demostrado que se puede razonar con ellos y ellas, que son obedientes cuando deben serlo y rebeldes en su momento. Sus padres y madres, tres cuartos de lo mismo, y sirva este post de homenaje a esta gente de lo más profundo de Bizkaia que tienen un corazón que no les cabe en el pecho, mis compañer*s de trabajo incluidos. La enseñanza pública en sitios así es una verdadera delicia y merecen cualquier esfuerzo que hagamos para que aprendan y disfruten, disfruten y aprendan, que en este caso el orden de los factores no altera el producto.

Zorionak guztioi, bihotz-bihotzetik!