miércoles, 30 de enero de 2008

¿Por qué no vamos al cine?

Es inútil no ponerse nostálgico cuando se piensa que antes consideraba una semana perdida aquella en la que no había pisado una sala de cine. En el Olimpia, un cine de cerca de mi casa, se podía ir incluso 3 veces a la semana ya que cambiaban la peli el fin de semana, los lunes y los miércoles. Memorables los pases de las de terror cuando una tarde de martes estabas tú solo en toda la sala, o no menos espectaculares las pelis de risa de un domingo a la tarde, lleno hasta la bandera. No creo que el cine fuese demasiado caro porque nunca he nadado en la abundancia con mis pagas, y me daba para eso y hasta para comer algo antes o durante la sesión. El cine tenía esa magia a la que la tele no llegaba, una pantalla inmensa, ir con toda la cuadrilla y ocupar una fila entera, notar temblar la butaca con el sensorround trapero y las charlas de después, recordando escenas, reescribiendo finales, explicando lo que no se había entendido. Agua pasada.

Ahora, por una parte tenemos sistemas para ver las pelis en pantallas mucho más pequeñas y tumbados, hay una oferta tremenda de material audiovisual en la veintena de canales por cable, o la TDT o la convencional y la Internet nos aporta a la carta lo que nos interesa (es una realidad, no una confesión). Y buscamos culpables:

1.- El cine es caro. Ya, y cualquier ronda en cualquier bar que se consume en menos de 10 minutos sale como un par de entradas. No vale como excusa.

2.- Las salas son pequeñas. Claro, los que viven de eso prefieren que vayan 100 personas un miércoles a la noche a 10 pelis diferentes que 10 a una sola peli. La pela es la pela.

3.- Han vaciado de salas el centro de las ciudades. Dudoso. Si cuento el número de salas que había hace 30 años y el que hay ahora que muchas han salido hacia los centros comerciales, umm, veamos: en Bilbao puedo ver hoy 33 pelis, unas 25 diferentes en 25 salas de cine. La frase del inicio es falsa.

4.- La oferta doméstica es mucho mejor. Cómo no! Es mejor ver un Screener guarro donde hasta se oyen hasta las carcajadas, que ir a un cine grande a que el de al lado coma palomitas con más ruido aún. Uyy, se me ha ido la pinza... Vale, que un DVD con su calidad (JA!), permite ver en petit comité una peli, y poder disfrutar de la compañía e incluso pararla para ir al baño sin molestar a toda la fila. Pero ni el DVD da la amplitud de una pantalla, ni siquiera te mantiene pegado a la butaca como una proyección, y siempre tendrás una excusa para hacer una escapadita a la nevera.

5.- El cine es de baja calidad. Ya tuvo que salir. Los llenazos para ver "Le llamaban Trinidad" o "Los bingueros" hablaban de la la excelsa calidad de los diálogos de Bud Spencer o la fotogenia de Fernando Esteso. Ahora hasta la peli más trapera tiene una hechura técnica que deja en ridículo cualquier superproducción de los años 70. Además, si se sigue viendo lo mismo, no sé de qué nos quejamos, grandes desastres, amor, miedo, fantasía, remakes de remakes.

Yo tengo mi teoría al respecto pero me gusta oír marcianadas.


Y entonces ¿por qué no vamos al cine?

jueves, 24 de enero de 2008

¿Sirven para algo las campañas electorales?



Con la caterva de personajillos que suelen pasar por aquí, ya sé cuál va a ser la respuesta, pero estamos aquí para discutir así que a ello. Argumentaréis que a los mítines sólo van los convencidos, que eso de los indecisos es un cuento macabeo, que los debates de la tele se ven por puro morbo, que la gente ya tiene decidido el voto, que si patatín, que si patatán. ¿Ves? Acabo de cargarme los posibles comentarios. Pero no estoy de acuerdo.

La campaña electoral sirve para generar corrientes de opinión, sirve para gastar una pasta gansa y dar de comer a publicistas, radios y televisión, sirve para comprobar lo capaces que son de mentir con promesas disparatadas. Creo que si no hubiera campaña la gente iría menos a votar, porque aunque acabemos hasta el mismísimo gorro de pantochadas, de pactos imposibles, de inauguraciones ad hoc, sin el incentivo ese de "¿ganarán los que yo voto o los que yo creo que van a ganar?", la mayoría de las personas ni se acordarían de ese sacrosanto derecho y deber que nos asiste de depositar unas papeletas (blancas y sepias) en la urna con el soniquete de nuestro nombre y apellidos aún resonando en la sala. Además a los que no apreciamos nada a los políticos, nos dan la oportunidad de tener munición noviolenta para futuros ataques.

¿Campañas electorales? Sí, gracias.

Eso sí, estoy dispuesto a cambiar de opinión, no de voto, si alguien me convence de lo contrario.

jueves, 17 de enero de 2008



Francisco Ibáñez, el creador de Mortadelo y Filemón, cree que los videojuegos fomentan el miedo de los niños por la lectura

EFE - Valencia - 17/01/2008 17:08


El dibujante de cómics Francisco Ibáñez ha lamentado hoy que la proliferación de videojuegos es una de las causas de la crisis del tebeo al considerar que las consolas "fomentan el miedo de los niños por la lectura".
En un encuentro ante 464 estudiantes organizado por la Biblioteca Valenciana, Ibáñez ha mostrado su "gran satisfacción" por ver que todavía hay chicos "que van detrás de un autor de cómic en un momento en que el género está bastante de baja". El autor, en un coloquio previo con periodistas, ha señalado como una de las causas de la crisis del tebeo "la proliferación de consolas y videojuegos que fomentan el miedo de los niños por la lectura" y ha recordado que, con el cómic, "conseguimos que los niños le fueran perdiendo el miedo a las letras". "El día de mañana, todos estos niños tendrán los ojos cuadrados, y no sé qué ocurrirá con la literatura en general dentro de 15 ó 20 años", ha puntualizado.



Buf! Se podría pensar que viniendo de alguien que vive de vender tebeos, es lógica su argumentación. Pero creo que los que trabajamos con adolescentes y vemos de cerca a gente aún más joven, podemos constatar que la lectura no es ninguna pasión para casi nadie. Cada viernes mi aita nos traía dos tebeos, el Pumby para mi hermana (y para mí), y el TBO o el Tiovivo para mí (y para mi aita, claro), y me duraban más o menos lo que hoy me dura un Jueves, es decir, casi nada porque los devoraba. De ahí salté a los libros en cuanto cogí velocidad, y ahora que leo a la velocidad del sonido, sigo devorando cualquier cosa con letras, y hasta escribo pampiroladas en varios blogs.

Mis pequeñuelos de informática en cuanto tienen algo que leer en pantalla, agh!, como lo hacen a salto de mata y en plan Messenger total, pues eso, que se agotan en un párrafo de tres líneas. Como ya dije en otro post, leer leen, pero no parecen disfrutar. Pueden pasarse horas dándole al chateo, leyendo y escribiendo, comunicándose, acercándose hasta casi tocarse virtualmente una tarde, y a la mañana siguiente, de nuevo en las 3D, son incapaces de mirarse. Curioso juego el que se traen.

Al final Ibáñez dice no saber qué ocurrirá con la literatura dentro de unos años y yo tampoco tengo ni idea, pero eso de sentarse o tumbarse y leer un libro, ummm...

...si una máquina me lo puede leer...
...o habiendo otras cosas más interesantes que hacer...
...o ya harán la peli...

Veremos.

jueves, 10 de enero de 2008

Violencia versus agresividad



«La agresividad es un mecanismo biológico, algo que el ser humano comparte con los animales de todo tipo. Pero la violencia... esa es racional. Eso nos diferencia de los demás animales»

Gemma Lienas, escritora (Barcelona, 1951)

martes, 8 de enero de 2008

Sociología en el metro de Bilbao. Gratis total.



Voy a diario en el metro y me gusta hacer sociología, que no es que sea barata, es que es gratis. Si tienes un horario regular sueles encontrarte con las mismas personas en las escaleras, en los molinillos de entrada, hasta en el mismo vagón y en el mismo rincón. Salvo que llegues por los pelos, siempre eliges la mejor puerta para a la llegada salir antes, a no ser que te interese ir con alguien. Dentro se ve todo tipo de actitudes, los que intentan leer un libro sin distraerse, los que van enganchados al MP3 (la radio no se sintoniza y es una pena), los que leen los periódicos gratuitos que son mayoría o los periódicos de pago, los adictos al teléfono móvil, y los que como yo, curiosean y lo llenan todo de miradas pegajosas. Mi recorrido no es muy largo así que tengo que mirar deprisa, analizar gestos, murmullos, conversaciones, estar atento a la comunicación no verbal, a esas miradas somnolientas o cargadas de energía según sea la persona, y por último no perder mi estación.

Llevo ya 4 años yendo y viniendo en metro y nunca he visto un altercado, una discusión a gritos o una mala contestación, claro que a las 8 de la mañana la gente no está para ruidos. A veces me gustaría poder escuchar lo que piensan, no todos a la vez sino uno por uno, saber en qué se afanan, escuchar "vaya, no me he estudiado justo lo que va a caer", "hoy tampoco me apetece ir a trabajar", "¿habré cerrado el gas?", "no sé por qué me ha contestado así", "no soporto al jefe", "¿qué hace ese mirándome tan fijamente?". Me encanta observar los movimientos nerviosos de la gente, ese que se mira una y otra vez el reloj, la que se afana por ver en qué estación estamos como si dudase de que el tren no se haya parado en alguna, la persona que se fija en una y sola en una de las viajeras y piensas que ni con 20 duchas se va a quitar semejante "manoseo de ojos", el que abre cada poco su bolsa temiendo haberse dejado algo, la que no quiere que la miren y pretende ser invisible, la que se exhibe al entrar y al salir, porque ella lo vale, el que no quiere que le mires el periódico gratuito no ya por encima del hombro, sino por la parte contraria a la que está leyendo.

En fin, os propongo un juego: allí donde viajéis, sea el sistema de transporte que sea, contadme lo que veis a diario. No nos hacen falta Ken Folletts, que no escriben tan bien, para demostrar que nosotros también sabemos describir la realidad. Nuestra realidad.