lunes, 9 de junio de 2014

La criminalización de Twitter


Llevo cinco años y pico en Twitter, soy este elemento, @eztabai, y soy yo mismo, bastante troll y contestario aunque tengo un par de personajes que son más trolls que eztabai. Desde mi primer tuit califiqué el invento de blogueo súbito, algo para cobardes. Vengo de un mundo donde los textos son de varios párrafos, con frases kilométricas, con oraciones de relativo y sinónimos a manta. Mi actividad se circunscribía a los blogs después de haber estado años en las BBS de la Internet de 1995, o en los canales del IRC un poco después. Aterrizar en un mundo limitado a 140 caracteres contando hasta los espacios fue una dura prueba para un pedante como yo. Según se ve en mi gráfica de actividad, me costó pillarle el tranquillo. Mucho.



Tiempo después, Twitter se ha convertido en mi forma de comunicación habitual, tanto es así que casi he arrinconado mis otros sistemas favoritos, el Email y los blogs. En todo este periplo me he aficionado a seguir a verdaderos monstruos, en el sentido positivo, que se mueven en Twitter como pez en el agua. Unos ejemplos:


Iconoclastas como la copa de un pino:


@arezno

@eltrampero
@carloslanga
@lalibretilla
@esaotra

Gente que te hace pensar:


@baronrojo

@barbijaputa
@senoritapuri
@milhaud
@auroraferrer
@claragrima

Trolls diplomados:


@blogdebori

@pixelillo

Fenómenos mediáticos:


@norcoreano

@latxistorra

Y un sinfín de personas a las que sigo por motivos profesionales, políticos o sentimentales, que de todo hay.


Detrás de cada uno de esos nick de ahí arriba hay un montón de tuits que, con una lectura no demasiado severa del Código Penal, serían constitutivos de delito, los míos también, claro. Pero esto es escaparse del tema porque también se puede leer de otro modo y recurrir a la maltratada libertad de expresión, que cuando es de los "míos" no molesta y cuando es de los "otros" escuece.


En todas esas horas que he pasado en Twitter (que prefiero ni contar) he hecho muy pocos unfollows (dejar de seguir a alguien), y casi todos han sido por salidas de tono como chistes sobre minusválidos o metidas indiscriminadas contra los vascos, pero Twitter es una red abierta y pública, donde sigues a quien quieres (poca es la gente que protege sus tuits) así que menos lobos. Si alguien se pone borde, si alguna de esas personas que están detrás de esos nicks te molesta, pues le bloqueas o le dejas de seguir y punto. Punto.


Creo que los poderes políticos magnifican esta taberna virtual que es Twitter, ni tenemos tanta influencia, ni las cosas que allí se dicen tienen tanta trascendencia. Amordazar a una gente que opina no hace más que generar el efecto contrario, el Streisand, y luego surgen escándalos de la nada.


Para acabar, a la gente que cree que estos 140 caracteres van a cambiar el mundo les diré que han leído muchas novelas de fantasía. Las redes sociales, y Twitter en particular, te permiten estar informado, interactuar con conocidos y desconocidos, generar corrientes de opinión efímeras, tanto como esos TT, Trending Topics, por los que peleamos en cada evento. La militancia de salón, las manifestaciones virtuales o el activismo de sofá, creo que cambiarán poco o nada el mundo que nos ha tocado vivir. Además, si quieren venir a detenernos o amordazarnos, hay medios más sutiles o más directos, las redes sociales de cualquier país se pueden cerrar si el poder así lo dispone, pueden aplicarte diversos delitos, o mejor, nos cortan la electricidad y ¡santas pascuas plin! Ni somos tan importantes, ni a los que tienen el poder les importamos tanto, que espero que se entienda como paradoja.