viernes, 28 de diciembre de 2012

Al día en punto, un programa que se va junto con la radio donde emite.


Cuando Oiane Flaño (sin h) me ofertó entrar a formar parte, allí por septiembre, de la familia de su programa en Punto Radio, no suponía que iba a durar tan poco. He de decir que en estos meses he disfrutado en su espacio sobre todo de tres cosas:

1.- La profesionalidad de Oiane.
2.- Grata y cambiante compañía.
3.- Libertad para decir lo que se me ocurriera sobre cualquier tema.

Las tres han sido un lujo y esa charla relajada de media hora siempre ha sido algo agradable de realizar independientemente del tiempo que hiciera fuera o de las noticias a tratar. Vocento apostó fuerte por otro tipo de radio, con tertulias sosegadas, con diferentes voces, pero la excusa de la crisis se lleva por delante toda una radio y a todos los profesionales que en ella trabajaban. He disfrutado con el verbo fácil de Manu, que se enciende con facilidad y que embiste a los trapos que le pone Oiane, la dificultad de hablar, o mejor, de tener la oportunidad de hablar cuando tenías de compañera a Tatiana, la parsimonia de Jose, el tercer abogado, la terrible velocidad oral de Juancar, la tranquilidad de los argumentos de Asier, lo preparado que lo traía todo Iñaki, y en los últimos programas el verbo encendido de Oiane que dejaba los bártulos de directora y presentadora para darle a todo lo que se movía. Hasta la gente de control es maja en ese sitio, el chico de ojos soñadores del que desconozco su nombre, el chico de los informativos, el del tupé, y la inefable hippie Naiara Serrano, la chica de las teclas y la voz meliflua. 

Me he sentido a gusto con todos y con todas, en plena libertad para opinar sobre lo divino y lo humano, dando leña a políticos, militares, curas y banqueros, a corruptos y malandrines, repartiendo cera a quienes nos gobiernan y hasta a los dueños de las ondas. No nos hemos cortado y por eso hoy tampoco lo voy a hacer a la hora de criticar lo que está pasando en los medios de comunicación. No voy a ser tan prolijo, ni tan desagradable como el que escribió este post pero desde el ciudadano de a pie diré que es un delito no saber administrar una empresa, dejar en la calle a profesionales que se han partido el pecho por ese proyecto, abandonarlos a su suerte en una época donde la explotación está allá fuera. Señores de Vocento, son ustedes bastante inútiles por no haber sabido llevar a buen puerto este barco, por haberlo embarrancado en aguas fangosas y no merecen el puesto que detentan. Corto y contundente, como me gusta ser. Les deseo la mejor de las suertes a los trabajadores y trabajadoras de las ondas y a los que hacen y deshacen contratos no les deseo nada, les atizo con el latiguillo de mi indiferencia y que sepan que aquí va a haber siempre una lengua viperina que va a denunciar cualquier tipo de tropelía que atente contra la dignidad humana, que eso es al fin y al cabo el tener trabajo. Nos vemos en las calles, probablemente en diferente posición en la barricada.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Aprendemos a pesar de cómo nos enseñen


Hace unas semanas me encendía en Twitter con una polémica que originé yo mismo. La argumentación era sencilla, igual demasiado sencilla y fruto de lo que llevo viviendo en la educación desde hace 25 años. A ver si me explico sin molestar a demasiada gente. Vivimos en un  planeta que ha cambiado en un par de siglos más que en toda la historia, hemos puesto naves fuera del sistema solar, varias personas han caminado por la Luna, hemos aumentado la esperanza de vida de casi toda la humanidad en muchos años, dominado las fuentes de energía y comunicado el planeta mediante Internet. Vale, todo muy bonito, así que en el siguiente párrafo suelto la bomba.



Las personas que han hecho avanzar la humanidad a semejante velocidad se formaron en un sistema educativo que hoy en día abominamos.¡Hala! ya lo he dicho. En este mismo blog, en un post de hace casi tres años, elogiaba la rutina que nos hace alcanzar la perfección, la repetición una y otra vez de los movimientos de un baile, la presión de los dedos en el traste de un violín o el estar 2 horas después del entrenamiento lanzando triples. El modelo de educación que ahora nos parece que mutila, que deja en la estacada a un montón de púberes y prepúberes, es el que educó a los ingenieros que han puesto los satélites ahí arriba, el que instruyó a las investigadoras que desentrañan el ADN o que graduó a arquitectos que diseñan edificios fuera de toda lógica como el Guggenheim de Bilbao. Las personas que hoy trabajan en el Gran Colisionador de Hadrones del CERN y que buscan de qué está hecha la materia y el tiempo, sufrieron unos curricula salvajes basados en la memorización, en interminables series de problemas y ecuaciones matemáticas más parecidas a la magia que a la ciencia. Es más, y esto ya va a ser la guinda de plomo en este pastel, las personas que educan a esas otras personas tan creativas también soportaron el mismo sistema educativo o uno parecido.

Todo lo dicho arriba no quiere decir que esté a favor de un modelo caduco donde los contenidos sean lo importante, donde la selección sea brutal y donde aprender sea sólo para gente con las neuronas en su sitio pero tentado estoy. Me acuerdo de unas palabras del ínclito Clemente, el entrenador del Athletic campeón de los años ochenta. Cuando le preguntaban sobre la razón del éxito de aquellos rojiblancos que ganaron ligas a la pléyade de estrellas que eran el Madrid y el Barcelona, Clemente siempre argumentaba lo mismo, que en aquella época, en Bizkaia y alrededores, todo el mundo jugaba a fútbol y sólo a fútbol, que había mucho y bueno de donde elegir y que el Athletic era la selección hecha entre 2 millones de personas. Para acabar siempre sentenciaba: "De la cantidad salió la calidad". Bueno, en lo del deporte igual se podía admitir pero enseñar y aprender no tiene las mismas connotaciones.

Ahora tenemos medios y sistemas diferentes de aprendizaje pero como pasa con nuestro metabolismo, tenemos un mecanismo neuronal y unas hormonas de la Edad de Piedra. Durante milenios hemos aprendido con la sencilla máxima del "Try&Error", "Prueba&Yerra" y por lo tanto aprende, y tanto es así que aún utilizamos la repetición para quedarnos con algo, así que tanta teoría pedagógica se estrella contra el diseño de miles de años de evolución. Somos lo que somos por una chiripa cósmica, por una serie de mutaciones afortunadas y aprendemos a pesar de cómo nos enseñen. He dicho. 

PS: Esto es la primera parte de algo mucho más denso que me bulle en las entrañas y genera tormentas en mi encéfalo (y algún que otro dolor de cabeza). Continuará...