viernes, 30 de noviembre de 2007

Mientras no tengamos educadores para el niño, creo que es un error parir más niños.


Mientras no tengamos educadores para el niño, creo que es un error parir más niños. Si no sabemos hacerlos hombres, ¿por qué tanto crío?. Mira, te lo voy a explicar de otro modo. Un niño es un prodigio de posibilidades. El 20% tienen de 6 a 9 años el coeficiente intelectual del genio, y por falta de educación adecuada, ya para los 12 años, son tan normales, tan tontos como nosotros. Pero espera un momento, todavía puedo explicarte esto de otra manera. El niño no tiene la cabeza en un sitio y el corazón en otro como nosotros. Lo que piensa y lo que hace le pasa al mismo tiempo. El pensamiento y la acción le ocurren al mismo tiempo, la cabeza y el corazón actúan inseparablemente. El niño así, biológicamente está proyectado, está imaginado, como un instinto superior, como un modelo para hombre, pero no hay educadores educados para educar a este niño, y a este niño el mal educador le enseña unas cosas por separado para la cabeza que tiene que ver muy poco con la cabeza, con lo más hermoso que crece en la cabeza de los niños que es la imaginación, y le enseña menos cosas, y también por separado, para el corazón. Lo grave de esta dicotomía, de esta separación del pensamiento y la acción, es que resulta casi imposible de reparar. El arte trata precisamente de esta reparación, aunque el artista como modelo y como educador ha resultado un fracaso absorbido por nuestra sociedad de consumo.

Jorge Oteiza


Estas son palabras de Oteiza que me sorprendieron y me dieron en lo blando porque descalifican a los educadores con una visión un tanto mesiánica. A mí me llegan cuando ya tienen 12 años y lo que han perdido en el camino creo que es la inocencia. Los más pequeños me parecen directamente unos locos bajitos. Punto.

Seguro que los aitas y amas que por aquí transitan tienen algo que decir..., y los demás también.

jueves, 29 de noviembre de 2007

SALADO


Una especie de ejercicio de estilo que escribí hace mucho. Que sirva para demostrar a los que me leen que a pesar de los sarcástico, de lo agresivo que suelo resultar, como le pasa a JV, yo también tuve y tengo mi corazoncito. Quecaro, seguro que te parece pedante y presuntuoso.



¡Qué fatuas son las palabras cuando intentan describir lo indescriptible! Y lo he intentado en vano, y no me salen. Mis dedos se niegan a poner en palabras humedades, y mis manos son mudas si les pido que me cuenten cómo es el terciopelo de tu piel. Mis labios enmudecen si les ruego que me describan un beso, y hace tiempo que mis ojos no me relatan lo que ven en las centellas de los tuyos.

Nos gusta el mar a ambos, y el mar sale de nosotros en fluidos, y nos mece, y nos refresca y nos acalora a un tiempo, y todo sabe salado, y todo huele a libertad. Aventuras inconfesables de dedos, arrullos de jadeos, respiraciones agitadas, tacto, presión, silencio. Un roce deja paso a otro roce, un beso abre el camino a otro, y el pelo que se enreda, la boca que resbala, la mano que se ciñe a la ternura, el nombre que se escapa. Allí firmeza, aquí ligereza, frío y calor a un tiempo, y apretamos los ojos en la oscuridad queriendo ver más allá de nuestro placer, más allá, mucho más allá.

Y jugamos, y ganamos, y volvemos a jugar con reglas nuevas, y aprendemos teoría en la práctica y práctica en la teoría, sin prisa pero sin pausa. Y un Universo nos espera, salado, cálido, tierno. Nuestro.

Ahora que la piel ha dicho sus palabras, ahora que el roce se columpia en tus senos, ahora que se suspira en lo blando, ahora se siente el silencio. Y se visita el paraíso en cada caricia, y se exploran galaxias en cada mirada y se encienden pasiones en los húmedos labios, en un beso. La Luna ya no está en el firmamento, ha viajado para quedarse en tus pupilas y allí la veo, y allí trepo como Cyrano, y de allí caigo en cada parpadeo.

Y ¿sabes?... Te siento.



Y dentro de nada, los anuncios de la tele.

lunes, 19 de noviembre de 2007

Me gusta la publicidad



Sé que es una confesión un tanto peregrina pero he de reconocer que casi siempre me gustan más los anuncios que muchas de las películas que veo, o que muchos de los programas que oigo. Condensar arte y anzuelo en 20 segundos es algo que siempre me ha parecido una autentica virguería y aunque los anuncios visuales son mucho más impactantes, los radiofónicos han tenido su aquel. Recuerdo las tardes de mi infancia cuando mi madre escuchaba el consultorio de Elena Francis que anunciaba productos de cosmética, o los anuncios del Cola Cao, el de aquel negrito del África tropical que cultivando cantaba..., y que hoy sería políticamente incorrecto, o el Calmante Vitaminado que te devuelve la alegría. De allí hasta las verdaderas orgías de color de los de SONY de hoy, hay un largo camino.


Me centraré en los de radio porque la tele tiene otro lenguaje. Esas pequeñas historias, esas canciones tan pegadizas como la de la galleta doscientos veintidós, la galleta que se pide por su número, o la de un poco de pasta basta de Gior, creo que tenían la creatividad que hoy les falta salvo honrosas excepciones. Los últimos de Tráfico sobre el uso del móvil me parecen bastante duros, pero a mí me llegan, o la publicidad inserta en programas como lo hacen en Carrusel Deportivo, que la convierten en un espectáculo. Mi aitite murió en 1969 pero tengo grabada su imagen oyendo la radio de válvulas, con los pitiditos del Carrusel, donde Soberano era cosa de hombres, y más adelante Tip y Coll ponían las voces del Espléndido Garvey (raro nombre para un coñac); lo de los puritos vino después y hoy está prohibido. Los anuncios con musiquilla machacona tipo Scotch-Brite, no se puede estar sin él, o y seguimos queriendo turrón, turrón, turrón, Antiu-Xixona, o está como nunca el coñac que mejor sabe, Fundador, está como nunca, eso era entrar directamente en el cerebelo (dios mío! Tengo la cabeza llena de basurilla!!!).


Seguro que os acordais de más, y de sintonías de programas como Ustedes son formidables, la saga de los Porretas y muchas más, así que hagamos memoria.

martes, 13 de noviembre de 2007

Un relato para que elijas... sugerente y sencillo.



ZANAHORIA, HUEVO O CAFÉ


Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.


Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.


La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente.


Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?" -"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.


Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?" Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.


-"¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido? ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.


Y tú, ¿cuál de los tres eres?


martes, 6 de noviembre de 2007

Cosas que no soporto



Cosas que antes me gustaban o pasaba de ellas, y ahora me aburren soberanamente:


  • Un partido de fútbol en la tele. Buf!, antes era capaz de verlo aunque no soy muy futbolero, pero ahora no lo soporto ni cinco minutos. Como dice el niño del anuncio de fuet: "qué lentos".

  • Los libros ladrillo. Antes era una cuestión de orgullo personal, y si empezaba uno lo tenía que acabar, aunque fuese de esos en los que tardaban 12 páginas en describir una habitación por la que pasaba el protagonista, y donde ni siquiera se quedaba.

  • El ruido en el cine. ¿Quieren recuperar público? Pongan salas donde esté totalmente prohibido llevar manduca y comentar la peli con el vecino.

  • La mala educación en las colas. Colarse, echarle morro, buf, me pone malo.

  • El trato vejatorio de cierta gente con dependientes, camareros u otro tipo de personal. La gente cree que por estar "sirviéndote" han de ser serviles y la diferencia es muy gorda.

  • El "yo quiero" constante de los niños consumistas. Párate al lado de una tienda de golosinas y hazte la peor sangre del mundo. Una decena de cada diez niños pasan por ahí y entonan la jaculatoria: "yo quiero" "nik nahi dut".

  • Las reuniones de vecinos. Los saludos cordiales en el ascensor se convierten en espumarrajos en la boca en cuanto se juntan todos.

  • ... (continuará)


He preguntado a gente de mi edad provecta y aún más jóvenes, y parece que coincidimos en demasiadas cosas. Será que cuando te vas haciendo mayor adquieres y refinas muchas manías, pero yo tengo alumnos de 12 años que Monk a su lado es un bendito. Seguro que entre los que pasáis por aquí apuntáis alguna más de la que no me acuerdo.

sábado, 3 de noviembre de 2007

¿A ser madre o padre se aprende?



Pues yo tengo mis serias dudas, tal vez porque mis hijos son electrónicos (Thot y Hal son mis ordenatas), dotados de interruptor, y en general se portan bien, pero lo que se ve por ahí, a la salida de cualquier escuela, en cualquier zona de juegos o en las propias casas dista mucho de ser algo modélico y que den ganas de probar. Ya sé que oiré eso de "como no eres padre..." al igual que cuando opino del Alarde de Hondarribia o del de Irun me dicen eso de "como no eres de aquí", pero aún así me voy a permitir opinar. Además tengo el privilegio de tener más de 20 hijos e hijas nuevas cada hora... y casi siempre me hacen caso.

Llevo 20 años en la educación pública y el contacto con los ascendientes de mis discípulos barra as ha sido y es constante, amén de mi propia experiencia de hijo o de estar "incrustado" en una familia con muchos tíos y tías, primos y primas que cuentan la feria según les va. También he visto en primera persona la trayectoria de diferentes parejas, con o sin hijos, aún alegremente casados o felizmente divorciados y creo que tengo los mimbres para hacer una buena cesta. "Principiemos".

Lo primero que he de decir es que no creo que un periodo de aprendizaje previo, ni un examen, ni una prueba de idoneidad, nos daría el carnet de padre/madre, pero lo que sí se puede afirmar es que hay gente preparada para serlo y otra que jamás de los jamases. Ese impulso de traer vástagos al mundo, educarlos y convertirlos en personas es de vital importancia para la especie, sí, sin duda, pero los métodos para obtener semejante fin van desde el palo y tentetieso más sangrante, hasta el "qué colegas somos y cómo nos entendemos" pasando por estadios intermedios y mezclas más o menos afortunadas de ambas actitudes. Entiendo que este modelo de sociedad sujeto a las manecillas del reloj no ayuda y se delega a otra gente lo que hace un par de siglos era cuestión familiar pura y dura, y que hoy, al pasar muchas horas lejos de la figura materna o paterna, ha de ser la escuela o el instituto el "doblegador de voluntades" al uso. Pero ese modelo de escuela basado en la mina (sirena, rendimiento y obediencia), hace que haya una serie de exigencias al "servicio" (así nos llamó a los centros escolares un escribiente en el blog de JV): ya que pasan unas cuantas horas con esos vagos de profesores, que por lo menos el servicio de parking nos devuelva al hijo sin una abolladura, ni en la chapa ni en el motor, claro. Oímos más veces de las necesarias eso tan traído de "no puedo con él, me supera y hace lo que le da la gana" y nos piden actuar como contra las manchas: "una solución quiero". Y no, no se libran los hijos de docentes, que quede claro, porque son legión y no siempre los mejor educados. Para más inri los docentes también renunciamos a veces a nuestra labor de adulto (como bien explica Erreka en su blog) y se masca la tragedia.

¿Dónde está ese maravilloso término medio que da resultados óptimos en la educación? Pues tiene pinta de ser tan difícil de lograr y mantener como el famoso puntillo de las borracheras, ese estado al que no llegas o te quedas corto, muy parecido a lo que ocurre con los peques. Luego tenemos que escuchar que los hijos e hijas dan muchas satisfacciones, toneladas de cariño y verdaderas cataratas de besos pero lo cierto es que las más de las veces ocurre como en Mafalda, que sus hijitos son como dice la genial argentina "sus hijitos de indias", o sea, los cobayas, porque no tienen experiencia previa de educar y ni siquiera es garantía ser el quinto de una saga. Repetimos errores sin remedio y por ello no tengo resuelta la respuesta a la pregunta que tiene esta entrada, pero lo que tengo claro es que algunos, muchos, no quieren aprender y malamente "soportan" su paternidad/maternidad.


De momento ya hay materia para defenestrarme así que no se corten, mis guates!

PS: Mi siguiente entrada va a ir sobre lo que hace unos años me gustaba y/o me apasionaba y ahora me aburre soberanamente. He hecho un estudio entre amigos y hay cosas muy curiosas.