jueves, 25 de agosto de 2011

Cómo me enamoré de la lectura y otros cuentos contables (Primera parte)


Después del fenomenal relato de Ignacio Páez sobre cómo llegó al mundo de la lectura, el propietario del blog va a tener que esforzarse mucho para estar a la altura. Veamos. En mi casa, mi aitite y mi aita siempre han sido de lectura diaria del periódico, así que cuando veía de tierno infante a esos mayores tan concentrados en pasar la vista por esa carrera de hormigas de tinta, me imaginaba que debía ser interesante lo que allí había. Además, a las tardes y noches, ambos leían novelillas del oeste de un tal Estefanía, así que seguían dándole a ese pequeño vicio. Siendo yo muy pequeño (de edad que de estatura lo he sido siempre), me regalaron el cuento de un indio y yo, con mis tres añitos o así, me quedé con la copla de cuándo había que pasar hoja y lo memoricé, es más, aún me acuerdo: “El indio wachuki, pequeño chikawa, del árbol más alto, hizo su piragua; el arco y las flechas, allí colocó, y en el Río Grande, el niño embarcó”. 9 hojas, 9, con esos textos y unos bonitos dibujos que explicaban cada acción. De leer yo no tenía ni idea, pero mi aitite me llevaba a la fragua del pueblo de mi ama y allí dejaba alucinados a los otros amigotes de su edad con un nieto que sabía leer siendo tan pequeño. Pero demos un salto de un par de años más.

A decir verdad aprendí a leer más tarde que mis compis porque cuando yo entré a mi escuela en parvulitos, ellos ya llevaban un año haciendo algo con las letras, las sílabas y esas cancioncillas u oraciones tan moñas. Me acuerdo como si fuera hoy del primer día de clase donde conocí al que aún hoy es mi mejor amigo, Semi (le echaron por comerse una goma). Al salir le dije a mi aitite Miguel que yo no quería volver a ese sitio porque sólo se hacían dos sinsorgadas: cantar y rezar. Luego la señorita Mari, que encima era amiga de mi aitite, me cogió por banda y en tres meses ya leía, sumaba, restaba y lo que hiciera falta. Ahí empecé a ser para con la lectura lo que soy hoy, una esponja, esto es, leía por todos los sitios, cualquier cartel, cualquier etiqueta, cualquier papelucho que me encontraba. Necesitaba las letras y aprendí muy rápido a devorar páginas con una velocidad endiablada. Pero vamos a lo que va a ser la ligazón con el otro post de Ignacio, porque en mi casa todos los viernes a la noche mi aita traía TEBEOS después de echar la partida con los amigos. TEBEOS, sí, sobre todo el TBO y el TIOVIVO. Más adelante, ya en los 70 y cuando mi hermana se incorporó a la afición lectora (hoy también es una devoralibros), además de los antes citados arriba, llegó el PUMBY. En mi casa nunca ha habido dinero para casi nada y hemos sido muy espartanos, pero ese gasto que hacía mi aita cada viernes y del que él también se aprovechaba porque le encantaba leer, fue el inicio de una pasión, de un enamoramiento que como tantos otros, me ha durado toda la vida.

Bueno, esto se está haciendo largo para un post, así que hasta aquí la primera parte.

lunes, 15 de agosto de 2011

La afición a la lectura y los cómics (o los tebeos)


Hace un mes largo estuve en una fabulosa boda en Galicia y allí había mucha gente de la radio. Entre los asistentes encontré a un alma gemela, Ignacio Páez, un malagueño que hablaba mi mismo idioma en cuanto a cultura. Dándole a la sin hueso surgió un tema que nos preocupaba a los dos, la afición a la lectura, cómo encenderla y cómo mantenerla a tempranas edades. Ambos coincidíamos en que los tebeos, los cómics, podían ser una gran puerta de entrada al mundo mágico que hay en los libros y le pedí que escribiera algo sobre el particular. Ignacio ha cumplido y aquí lo traigo, con sus puntos y sus comas:


Yo y los cómics

Os iba a contar esto de una manera mucho más literaria pero he decidido que no os merecéis que os coma la cabeza, deleitándome mientras saboreo vuestros jóvenes y deliciosos cerebros a cucharadas; por lo tanto voy a ir al grano.
Yo era un niño raro… Siempre estaba jugando solo, inventándome batallas con mis guerreros de plástico o incendiando mi dormitorio con cañones que lanzaban cerillas a soldados japoneses empapados de alcohol que había robado previamente del cajón de las medicinas de mi abuela. No os podéis imaginar la de tortas en el culo que me dio mi madre cuando empezaron a arder las cortinas.

Ya os lo habrán contado vuestros padres. No teníamos ni PLAY ni MP3 ni IPOD ni IPAD ni Internet ni chat; realmente no teníamos muchas cosas. Por no tener ni tener amigos se me daba bien.
¿Por qué, diréis? Qué tío más pirado. Seguro que está en un psiquiátrico o es un asesino en serie. Realmente hubo una época en que consideré seriamente estas posibilidades. Yo tenía un problema y era grande… Era un niño tartamudo. Ahora ese problema se soluciona con 10 sesiones de un logopeda pero entonces… Era una auténtica P… Los niños se reían de mí en el cole. Muchas veces, cuando me preguntaba un verdugo vestido de sotana negra que me daba geografía, me sabía la lección pero me hacía el tonto para que los demás niños no empezaran a decirme ¡tartaja! y toda clase de lindezas.

Un día, al llegar a casa bastante, digamos, fastidiado, mi padre que era una gran persona me dijo “¿Quieres que te preste mis tebeos de Flash Gordon?” Al principio le dije que sí casi por compromiso porque iban a poner en la tele mi serie favorita LA FAMILIA MONSTER (una auténtica pasada, si podéis pillarla por ahí en alguna Web de las que todavía no se han cargado los chorizos de la SGAE os aconsejo que probéis con un par de capítulos). Bueno, cogí los cómics y no pude parar de leer; ¡impresionante! Igual os suena el argumento pero claro, este cómic es de 1930, cuando mi padre era pequeño, así que yo creo que fue GEORGE LUCAS el que copió: cohetes, pistolas láser, princesas que estaban como un queso, (y eso que la censura era brutal, luego en versiones posteriores ya las vi en condiciones), héroes guerreros y científicos avanzados, hombres león, hombres halcón, hombres que vivían en hielos eternos y debajo del mar, extraños animales y un emperador perverso ¿a qué os suena el argumento? Estuve toda la tarde leyendo y por la noche cuando me apagaron la luz cogí una linterna y seguí debajo de las mantas hasta que me quedé dormido.

No os voy a contar el rollo de que aquello fue mágico y desde entonces cambió mi vida (estas mentiras solo la cuentan los autores malos de relatos para jóvenes que son un peñazo de aúpa) pero me sirvió y me hizo ilusionarme. Y un día descubrí que había más gente en el cole que leían cómics y ya no estaba solo ¡Había más gente como yo! Y leí a TINTÍN, ASTERIX, THOR, LOS VENGADORES, TERRY Y LOS PIRATAS, EL PRINCIPE VALIENTE, MORTADELO Y FILEMÓN, EL TENIENTE BLUEBERRY, ALIX y aprendí a reírme más fuerte. Soñaba con viajes, con aventuras de caballería, con galaxias lejanas y seguí leyendo porque me atreví con un libro sobre Los Vikingos y después Las leyendas del Rey Arturo. Empezó a fliparme el cine y el Rock y me regalaron mi primera guitarra…
Ya tenía varios grupos de amigos: los de los cómics, los del cine y los de la música, gracias a la música una chica me dijo un día “oye, tocas bien” (absolutamente falso), ¡Colegas, me hablaba una tía! Seguí leyendo e imaginando. Mi cerebro había aprendido a abstraerse. Poco a poco empecé a estar más relajado, la música me enseñó el ritmo.

Por fin puede hablar con la gente casi sin tartamudear ya no pensaba en que un rayo los desintegrase a todos.

Terminé el bachillerato e hice COU. En el cine ponían el Imperio Contraataca. Al principio de los ochenta alucinaba con los dibujos de MOEBIUS y los demás humanoides. Mientras TOLKIEN me enseñaba la magia MICHAEL MOORCOCK me descubrió el Multiverso, Castaneda una forma libre de entender la espiritualidad, LED ZEPPELIN me acercaba al cielo en escalera, los ROLLING a montar en caballos salvajes, BODELAIR el surrealismo, EDGAR ALAN POE y LOVECRAFT me mostraron relatos oscuros, dioses maléficos, repugnantes seres babosos, criaturas abominables. Los viví tanto que empecé a perder el miedo a los hombres.

Y, ¡oh, milagro! Aprobé la selectividad con notable. Por aquella época decidí que lo mío era comunicar, me fui a estudiar la carrera correspondiente y el verano de primero de carrera unos amigos me propusieron hacer un programa de radio en una emisora donde podíamos hacer prácticas. ¡Yo, el tartaja, haciendo radio! Por supuesto dije que sí. Me encomendé a todos los dioses paganos que recordaba pero les dije a mis compañeros que trabajaría en control y pinchando los discos. Sinceramente no me atrevía a presentar el programa. El que hacía de productor (en aquella época para hacer un programa de música en FM éramos un equipo de cinco personas) llamó a un chico que era un poco mayor que nosotros para que se encargase de la locución y ¡atención! Llegó el día de salir a antena. Muy nervioso puse la sintonía. La clavé e hice la señal al locutor para que empezara a presentarlo. Pero el muy majareta no hablaba, movía los labios pero no hablaba. Yo a través del cristal del control le hacía señas a aquel pasmarote balbuceante la sintonía de entrada se terminaba y el muy c… no decía nada. De pronto con un estertor de muerte de su garganta salió…BUBUBUENAS NOOOCHES, ESSSSTAAAAAAMOSSSS en el programa… madre mía, estaba peor que yo. Bajé su micro y desde el micro de control presenté el programa completo. A los amigos les gusto mucho y el programa se hizo famosillo en la ciudad y me invitaron a muchas fiestas ese verano. Al fin había vencido mi problema, no sé si me ayudó más GANDALF o DYLAN THOMAS. Tal vez fuese CORUM con su parche negro en el ojo y su mano que atraía a ejércitos de cadáveres. Pero aprender a soñar gracias a los cómics y los libros me liberaba de mi problema y cuanto más me liberaba más curado estaba hasta que conseguí ser una persona medianamente normal. Bueno, como habéis podido observar estoy un poco regular, pero soy feliz, tengo un trabajo digno y creativo, hago cine pobre de serie Z, hago música, tengo pareja, viajo y he dejado de pegarle fuego a casa de mis padres.

No quiero terminar con ninguna sentencia moral, desde luego que no pienso darle una lección a nadie, yo os cuento un trozo de mi historia vosotros pensad lo que os dé la gana. Hacedlo siempre que no jorobéis demasiado al que esté junto a vosotros.

Agur… 


Y hasta aquí nuestro Ignacio. En el siguiente post contaré mi historia con los libros y también empezaré con los tebeos. Comentarios ahí abajo, please!

jueves, 11 de agosto de 2011

Pérdidas.

No, no voy a hablar de pérdidas en lo personal que este maldito verano ha tenido unas cuantas y muy dolorosas, sino de las que nos van a tocar soportar en cuanto empecemos el nuevo curso el 1 de septiembre. 


Leo con estupor el post de Jordi Marti, @xarxatic en Twitter, donde por su título, "De recortes educativos y sinvergonzonerías varias", ya sabemos de qué habla. Leed primero y luego volvéis aquí... ¿Ya? Pues eso, que con la disculpa de la crisis o sin disculpa que total para lo que nos vamos a movilizar lo mismo da porque da lo mismo, los recortes en Educación están a la orden del día. 


El curso que viene voy a ser el jefe de estudios de un pequeño instituto en la Bizkaia profunda, un insti al que llegué hace dos años y que en este corto periodo de tiempo ha visto cómo, sin una apreciable bajada en la matrícula, se han ido perdiendo 5 profes. Bueno, diréis, 5 no es un número muy alto aunque tenga una rima resbalosa, pero si el insti tiene 25 de plantilla es un buen pedazo. ¿Y cómo han conseguido la rebaja? ¿Han aumentado las horas lectivas? ¿Han subido ratios de alumn*s por aula? Pues no, es más sencillo. Cambian los criterios para las horas de apoyo, se ponen tacaños con las horas dadas a los proyectos educativos, endurecen las condiciones para ofertar ayudas educativas a alumnado con problemas, rebajan las dedicaciones a las IKT-TIC y con todos esos instrumentos afilados cercenan puestos de trabajo. Sin rubor. Luego dirán que todo es muy caro, que la educación pública es un derroche, que nos van a digitalizar las aulas y eso cuesta una pasta, pero lo cierto es que independientemente de la parafernalia tecnológica, hay otra labor que no se hace con maquinitas y que requiere esfuerzo, dedicación y... horas. Al gobierno vasco todo esto se la sopla, directamente, pero ¿y desde los instis  y las escuelas qué se hace? Ummm, a ver si queda bien explicado con una interjección: GLUB! o sea, tragar. 


Lo que está pasando, hipotecar el futuro educativo de los peques, es una vergüenza, pero ni nos indignamos, ni nos movilizamos, ni nada de nada. Igual nos merecemos todo lo que nos pasa. Igual es eso.