lunes, 19 de septiembre de 2011

Un inciso. Alkain nos quiere comentar cómo llegó al mundo de la lectura




Alkain es una abogada comprometida con mil y un causas a la que conocí en el MOC allí por los lejanos 90. Después de leer esta serie de post que inició el malagueño Ignacio Páez y que continué yo con las primeras tres entregas, Alkain me envió un correo con su vivencia. Le dije que lo reescribiera en un documento y que lo iba a calzar aquí como una aportación más en esta aventura del leer. Y así, tal y como lo ha escrito, espero que lo disfrutéis:




Mikel, ¡¡¡es un gusto leerte!!! No solo porque siempre me gusta hacerlo sino porque, en este caso, creo que habría sido la tercera pata de la mesa en la boda donde te encontraste con tu alma gemela en cuestión de lecturas infantiles. La verdad es que durante mi infancia leer fue una de mis mayores fuentes de placer. Lo hacía a diario, con voracidad, no solo novelas, también, y mucho, tebeos, pero cualquier cosa me servía para disfrutar como una enana (periódicos, revistas dominicales, la revista Integral que se compraba mi madre, Cambio 16, Tiempo, ¡¡lo que pillara en mi casa y en casas ajenas!!).


Y es que .... ¡¡el día no me daba para leer todo lo que quería!! Parece mentira, ahora sí que hay que hacer cabriolas para leer lo que realmente uno desea, pero en aquella época la sensación de frustración por tener que apagar la luz era constante (nunca tenía sueño) y siempre había peleas con mi madre (he llegado a hacer de todo, la clásica linterna bajo las sábanas, esperar a que se durmiera todo el mundo para encender al luz, encerrarme en el baño hasta que preguntaran qué me pasaba....) En fin, de todo.


Y dentro de este día a día, los había muy especiales, como los viernes, igualito que tú lo recuerdas, cuando mi padre volvía de Bilbao, del trabajo, y me traía los nuevos tebeos, ¡¡qué ganas!! Me acuerdo de todos los que tú me comentas (¿te acuerdas de en cuál de ellos se publicaba la tira de “diálogo para besugos"?). Y me acuerdo de los domingos leer “El pequeño País”, publicación que echo de menos ahora que soy amatxu porque era un estupendo vehículo para que los niños se engancharan a la lectura de los diarios.


Otro día memorable era el que iba a la biblioteca de mi colegio (no había en mi pueblo ni librería, ni biblioteca municipal, ni nada parecido). El fraile que se encargaba de la misma ¡¡¡ME ADORABA!!! porque no tenía seguidora más fiel. Todas las semanas, sin excepción, agotaba mi cupo de libros y comics (que era limitado, una pena porque yo siempre quería más, pero... ay, la burocracia, si total, casi no iba nadie). Los tebeos eran mi perdición, todas las colecciónes de Super Humor, con todos los clásicos más los no tanto, como sir Tim O'theo, Rompetechos, Superlópez, etc y cómo no, Asterix y Obelix, Lucky Luke, Tintín, Esther, las novelas gráficas de Salgari, Julio Verne, Blueberry, etc.


La verdad que hoy es el día que no puedo estar sin tener un periódico, una revista, un tebeo, un libro a mi lado (si abres mi bolso seguro que encuentras algo porque leo en el autobús, en la cola del banco, donde sea). Y... ¡¡por muchos años!!

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Cómo me enamoré de la lectura y otros cuentos contables (Tercera parte)



Sigo con la historia de mi idilio con la lectura, aunque quizá no lo haga en el orden cronológico correcto. Vamos a la década de los 60, a los años finales y con un Mikel con 7 escasos años que ya leía a buena velocidad. Unas circunstancias familiares hicieron que nos tuviéramos que mudar durante una temporada a Basurto, un barrio de Bilbao, a casa de un amigo de mi aita, Benito, lector empedernido desde siempre y hete aquí que debajo de una cama, en esos momentos de exploración que tienen los niños, zas!, me encontré una caja muy alargada llena de... comics! Hazañas Bélicas a saco, una porrada de esos que parecía libritos de Marvel y mucho más. Allí estaba yo, a tan temprana edad, devorando Estela Plateada, Spiderman y mi favorito, Thor (por cierto, la peli no me gustó demasiado). Esos héroes tristes de Marvel, con sus problemas familiares o personales, me comieron el coco. Me encantaban las interjecciones que ponían para ilustrar los golpes (Tump!, Scratch!...), los rayos (Shazham!, Fuzzle!...), y las peleas donde, a veces por los pelos, esos héroes triunfaban, pero sobre todo me gustaba cómo el guión, la letra, se ajustaba a lo que veía dibujado. Siempre he sido un manta en el arte del dibujo y todo lo suplía a base de dar complicadas explicaciones de las chapuzas que cometía en Plástica (eso da para otro post), pero la maestría de esos dibujantes me dejaba anonadado, y la historia que contaban y que yo devoraba letra a letra era ilustrada de un modo que mi fantasía hacía el resto. Cuando dicen que hay lectura adecuada para ciertas edades y otra que no, en fin, me acuerdo de lo que yo he vivido y me río mucho.

Otro de los muchos agradecimientos que tendría que dar a mi aita y mi ama en esto de haber criado a un lector compulsivo,  es el desvelo que tenían con comprar enciclopedias a plazos teniendo en cuenta las dificultades económicas que había en casa. Cuando ya fuimos avanzando en la EGB mi hermana y yo, y más adelante con nuestra entrada en el insti, en casa nunca faltaron los diccionarios enciclopédicos (el Durvan aún sigue allí), las enciclopedias temáticas de Salvat (de las Ciencias, Conocer el Mundo, de la Segunda Guerra Mundial...), la colección Dime (Dime quién es, Dime cuéntame, ...), libros temáticos como Las Maravillas del mundo o algunos de Cousteau, en los que me sumergía para salir con la cabeza llena de datos que me permitían ser un repipi en casi todos los sitios. Cuando veo ahora a Sheldon, el personaje de la serie The Big Bang Theory, recitando de memoria datos que a los otros les importan una higa, jo!, me parece que los guionistas conocieron a aquel Mikel diminuto que quería saberlo todo de todo. Es más, y esto en primicia: yo ya tengo elegido el epitafio que me gustaría que escribieran en la urna con mis cenizas: QUERÍA SABER, SABÍA QUERER.

En la adolescencia llegaron Tolkien y los filósofos por los que me interesé en 3º de BUP, y así Fromm o Nietzsche fueron también devorados, y por cierto, no me gustaron demasiado, pero si algo ha marcado mis lecturas desde aquellos tiempos, eso ha sido la Ciencia, así con mayúsculas. Para pasármelo bien y meter horas y horas leyendo en los sitios más inverosímiles, la Ciencia-Ficción ha sido mi compañera más fiel, desde Asimov a Clarke, desde Delany a Stanislaw Lem, ¡por dios!, ¡qué gozada! He viajado a los confines de la Galaxia, al fondo del ser humano, a lo más sórdido de nuestra especie, a mundos que no existen y a planetas improbables. Para aprender datos, datos y más datos he leído libros de Divulgación Científica a saco Paco, por el simple placer de saber de casi todo un poco y no demasiado de casi nada, es más, hoy es el día que aún leo con fruicción todo lo que tenga que ver con ambos generos, divulgación y ciencia-ficción. Es curioso, la fantasía nunca me ha enganchado, amigo Ignacio.

Cielos! Aún me queda nombrar a Eco y a otros muchos. Lo siento mucho pero habrá un post final.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Cómo me enamoré de la lectura y otros cuentos contables (Segunda parte)



Después de los tebeos que consiguieron enamorarme de la lectura, llegaron los libros, los de verdad, con mucha letra y poco colorín, pero antes aterrizaron otros en casa. Eran de Bruguera y tenían tres páginas de texto y una de dibujos en plan comic, y luego se repetía la cadencia, tres, una, así lo que leías luego lo veías dibujado y muy resumido. Con esos libros empecé mi pasión por Julio Verne que más adelante me llevaría a mis otros idilios con Asimov, Clarke y todos los escritores de ciencia-ficción. No me olvido de otras colecciones que también llegaban a mi casa, a menudo de prestadillo porque dinero había poco, y que devoraba con gusto como Los tres investigadores o algunos relatos de Gustavo Adolfo Becquer o de Edgar Allan Poe que me pusieron los pelos de punta, y que leídos en Treviana, el pueblo riojano natal de mi ama, me hacían tener pesadillas en la vieja casa que crujía. Nunca pude con Enid Blyton y Los Cinco, o con lo que leía mi hermana de Torres de Malory de la misma autora. Si un libro no me enseñaba algo que podía luego compartir en público, zas! olvidado. 


Durante años me ha pasado algo curioso. Cuando cerraba los libros tenía la impresión de que la historia continuaba de alguna forma y así Ned Land, el arponero de Veinte mil leguas de viaje submarino, mataba más pulpos de los que había escrito Julio Verne, y el idiota de Axel, de Viaje al centro de la Tierra perdía a su adorada Graüben por ser demasiado tímido. Pero no sólo de lectura se alimentaba mi pequeño cerebro. Punto y aparte.


Un inciso. Siendo aún muy joven, con unos 10 años o así, di el salto a ser yo el escritor, y me acuerdo que diseñaba obras de teatro, preparaba el atrezzo, escribía los textos e involucraba a toda la clase. Las piezas eran sangrientas, con momias asesinas o vampiros sedientos y acababan con casi todos los alumnos muertos en un montón justo en el centro de la clase, pero nos lo pasábamos bien. Texto había poco e improvisación mucha, pero con el beneplácito de Carlos, nuestro tutor, hacíamos cosas curiosas. Cuando me preguntaban que de dónde había sacado la historia, les apuntaba a los libros que teníamos en las estanterías y a mi cabeza, porque la tele tenía un canal y nuestra querida Internet no era ni un proyecto, así que imaginación al poder y letras como instrumento. 


Otro de mis encuentros con la lectura y que trae de vuelta a los tebeos, era cuando me llevaban a cortar el pelo donde Antonio, un barbero amigo de la familia y que vivía muy cerca. Antes de entrar en esas casa que olía a Floyd, deseaba con todo mi corazón que tuviese gente esperando porque así me daba tiempo para enfrascarme en las aventuras de Jabato o el Capitán Trueno que el barbero tenía entre sus múltiples revistas. Para mí, un versado ya en el Tiovivo, Jabato o Capitán Trueno eran una copia de mi querido Corsario de Hierro, cuando resulta que era al revés, pero todos repetían el mismo esquema de grupo con tres elementos, héroe (enamorado de chica mona), brutote y otro con poca chicha y mucho ingenio, y daba la casualidad que nosotros, desde la más tierna infancia, siempre hemos sido un grupo de amigos de tres miembros, Josemi, Juanan y yo, así que todo encajaba.


Y como veo que aún me queda mucho que contar, pues esto va a tener una tercera parte. Se siente. Aviso: en la próxima entrega, todo el universo Marvel llegará a este blog, y Hazañas Bélicas, y Tolkien y más. Atentos a sus pantallas.