lunes, 15 de agosto de 2011

La afición a la lectura y los cómics (o los tebeos)


Hace un mes largo estuve en una fabulosa boda en Galicia y allí había mucha gente de la radio. Entre los asistentes encontré a un alma gemela, Ignacio Páez, un malagueño que hablaba mi mismo idioma en cuanto a cultura. Dándole a la sin hueso surgió un tema que nos preocupaba a los dos, la afición a la lectura, cómo encenderla y cómo mantenerla a tempranas edades. Ambos coincidíamos en que los tebeos, los cómics, podían ser una gran puerta de entrada al mundo mágico que hay en los libros y le pedí que escribiera algo sobre el particular. Ignacio ha cumplido y aquí lo traigo, con sus puntos y sus comas:


Yo y los cómics

Os iba a contar esto de una manera mucho más literaria pero he decidido que no os merecéis que os coma la cabeza, deleitándome mientras saboreo vuestros jóvenes y deliciosos cerebros a cucharadas; por lo tanto voy a ir al grano.
Yo era un niño raro… Siempre estaba jugando solo, inventándome batallas con mis guerreros de plástico o incendiando mi dormitorio con cañones que lanzaban cerillas a soldados japoneses empapados de alcohol que había robado previamente del cajón de las medicinas de mi abuela. No os podéis imaginar la de tortas en el culo que me dio mi madre cuando empezaron a arder las cortinas.

Ya os lo habrán contado vuestros padres. No teníamos ni PLAY ni MP3 ni IPOD ni IPAD ni Internet ni chat; realmente no teníamos muchas cosas. Por no tener ni tener amigos se me daba bien.
¿Por qué, diréis? Qué tío más pirado. Seguro que está en un psiquiátrico o es un asesino en serie. Realmente hubo una época en que consideré seriamente estas posibilidades. Yo tenía un problema y era grande… Era un niño tartamudo. Ahora ese problema se soluciona con 10 sesiones de un logopeda pero entonces… Era una auténtica P… Los niños se reían de mí en el cole. Muchas veces, cuando me preguntaba un verdugo vestido de sotana negra que me daba geografía, me sabía la lección pero me hacía el tonto para que los demás niños no empezaran a decirme ¡tartaja! y toda clase de lindezas.

Un día, al llegar a casa bastante, digamos, fastidiado, mi padre que era una gran persona me dijo “¿Quieres que te preste mis tebeos de Flash Gordon?” Al principio le dije que sí casi por compromiso porque iban a poner en la tele mi serie favorita LA FAMILIA MONSTER (una auténtica pasada, si podéis pillarla por ahí en alguna Web de las que todavía no se han cargado los chorizos de la SGAE os aconsejo que probéis con un par de capítulos). Bueno, cogí los cómics y no pude parar de leer; ¡impresionante! Igual os suena el argumento pero claro, este cómic es de 1930, cuando mi padre era pequeño, así que yo creo que fue GEORGE LUCAS el que copió: cohetes, pistolas láser, princesas que estaban como un queso, (y eso que la censura era brutal, luego en versiones posteriores ya las vi en condiciones), héroes guerreros y científicos avanzados, hombres león, hombres halcón, hombres que vivían en hielos eternos y debajo del mar, extraños animales y un emperador perverso ¿a qué os suena el argumento? Estuve toda la tarde leyendo y por la noche cuando me apagaron la luz cogí una linterna y seguí debajo de las mantas hasta que me quedé dormido.

No os voy a contar el rollo de que aquello fue mágico y desde entonces cambió mi vida (estas mentiras solo la cuentan los autores malos de relatos para jóvenes que son un peñazo de aúpa) pero me sirvió y me hizo ilusionarme. Y un día descubrí que había más gente en el cole que leían cómics y ya no estaba solo ¡Había más gente como yo! Y leí a TINTÍN, ASTERIX, THOR, LOS VENGADORES, TERRY Y LOS PIRATAS, EL PRINCIPE VALIENTE, MORTADELO Y FILEMÓN, EL TENIENTE BLUEBERRY, ALIX y aprendí a reírme más fuerte. Soñaba con viajes, con aventuras de caballería, con galaxias lejanas y seguí leyendo porque me atreví con un libro sobre Los Vikingos y después Las leyendas del Rey Arturo. Empezó a fliparme el cine y el Rock y me regalaron mi primera guitarra…
Ya tenía varios grupos de amigos: los de los cómics, los del cine y los de la música, gracias a la música una chica me dijo un día “oye, tocas bien” (absolutamente falso), ¡Colegas, me hablaba una tía! Seguí leyendo e imaginando. Mi cerebro había aprendido a abstraerse. Poco a poco empecé a estar más relajado, la música me enseñó el ritmo.

Por fin puede hablar con la gente casi sin tartamudear ya no pensaba en que un rayo los desintegrase a todos.

Terminé el bachillerato e hice COU. En el cine ponían el Imperio Contraataca. Al principio de los ochenta alucinaba con los dibujos de MOEBIUS y los demás humanoides. Mientras TOLKIEN me enseñaba la magia MICHAEL MOORCOCK me descubrió el Multiverso, Castaneda una forma libre de entender la espiritualidad, LED ZEPPELIN me acercaba al cielo en escalera, los ROLLING a montar en caballos salvajes, BODELAIR el surrealismo, EDGAR ALAN POE y LOVECRAFT me mostraron relatos oscuros, dioses maléficos, repugnantes seres babosos, criaturas abominables. Los viví tanto que empecé a perder el miedo a los hombres.

Y, ¡oh, milagro! Aprobé la selectividad con notable. Por aquella época decidí que lo mío era comunicar, me fui a estudiar la carrera correspondiente y el verano de primero de carrera unos amigos me propusieron hacer un programa de radio en una emisora donde podíamos hacer prácticas. ¡Yo, el tartaja, haciendo radio! Por supuesto dije que sí. Me encomendé a todos los dioses paganos que recordaba pero les dije a mis compañeros que trabajaría en control y pinchando los discos. Sinceramente no me atrevía a presentar el programa. El que hacía de productor (en aquella época para hacer un programa de música en FM éramos un equipo de cinco personas) llamó a un chico que era un poco mayor que nosotros para que se encargase de la locución y ¡atención! Llegó el día de salir a antena. Muy nervioso puse la sintonía. La clavé e hice la señal al locutor para que empezara a presentarlo. Pero el muy majareta no hablaba, movía los labios pero no hablaba. Yo a través del cristal del control le hacía señas a aquel pasmarote balbuceante la sintonía de entrada se terminaba y el muy c… no decía nada. De pronto con un estertor de muerte de su garganta salió…BUBUBUENAS NOOOCHES, ESSSSTAAAAAAMOSSSS en el programa… madre mía, estaba peor que yo. Bajé su micro y desde el micro de control presenté el programa completo. A los amigos les gusto mucho y el programa se hizo famosillo en la ciudad y me invitaron a muchas fiestas ese verano. Al fin había vencido mi problema, no sé si me ayudó más GANDALF o DYLAN THOMAS. Tal vez fuese CORUM con su parche negro en el ojo y su mano que atraía a ejércitos de cadáveres. Pero aprender a soñar gracias a los cómics y los libros me liberaba de mi problema y cuanto más me liberaba más curado estaba hasta que conseguí ser una persona medianamente normal. Bueno, como habéis podido observar estoy un poco regular, pero soy feliz, tengo un trabajo digno y creativo, hago cine pobre de serie Z, hago música, tengo pareja, viajo y he dejado de pegarle fuego a casa de mis padres.

No quiero terminar con ninguna sentencia moral, desde luego que no pienso darle una lección a nadie, yo os cuento un trozo de mi historia vosotros pensad lo que os dé la gana. Hacedlo siempre que no jorobéis demasiado al que esté junto a vosotros.

Agur… 


Y hasta aquí nuestro Ignacio. En el siguiente post contaré mi historia con los libros y también empezaré con los tebeos. Comentarios ahí abajo, please!

4 comentarios:

JD dijo...

¡Coño!, yo había leído que Scatman encontró en la música la solución a su tartamudez, pero en los cómics...

En realidad, claro, no se le curó la tartamudez, sino la timidez.

Ainhoa Ezeiza dijo...

En casa leíamos muchos, muchísimos Asterix y bastante Mortadelos. Mi hijo parece que es más de Mortadelos, y no puede dormir sin leer un ratito algún cómic.

Lo de la afición a la lectura es un asunto complicadillo porque los videojuegos atraen mucho, así que hay que llegar a acuerdos. Que aquí conste que no se trata de obligar a leer sino de ayudar a los niños/as a gestionar su tiempo libre.

A mí lo que más me gusta es leer en voz alta algún libro junto con mi hijo porque disfrutamos juntos de la historia. Y ya vamos por el cuarto de Harry Potter, por lo que ese pequeño trauma infantil que tenía de la época en que la lectura en voz alta se cronometraba, me lo estoy quitando de encima ;)

¿Qué haces sin podcastear, Mikel? ;)

Muxu!

M i K e L dijo...

Ainhoa, ¿podcastear? ¿Crees que con mi verbo caústico y mi sarcasmo a ultranza podría grabar mis críticas en podcast? Ummm... Me lo voy a pensar. Mi post sobre cómo aprendí a leer y me enamoré de ello se está cociendo. A fuego lento.

Bruno Pekín dijo...

¡Guau¡ Hacía mucho tiempo que no oía hablar a nadie de Corum y el Multiverso. Una gozada de escrito. Enhorabuena.