miércoles, 26 de marzo de 2008

¿Deportes sin vencedores ni vencidos? Ummm...

Hemos cambiado las pistolas, los tirachinas y las espadas de palo de nuestros hijos por balones, consolas y cursillos de tenis, pero eso no los ha hecho menos violentos o más solidarios. Siguen siendo igual de egoístas, pero seguramente más taimados; más capaces de vilezas programadas.

Se lo hemos inculcado desde pequeños, cuando los mandamos a la escuela a que los califiquen, cuando les enseñamos a vencer en el deporte y luego a ganar en la vida.


Les damos buenos ejemplos, cuando vendemos nuestro viejo piso por el triple de lo que lo compramos, cuando no nos basta con un sólo coche, o cuando viajamos para conocer mundo pero no conocemos al vecino de al lado

La mayoría no empuñarán un arma pero serán capaces de mandar a otros a la guerra.

Porque en el fondo no ha cambiado nada... porque seguimos preparándolos para imponerse sobre los demás.


Kanif, nuestro inquieto donostiarra, se ha cascado un post corto y demoledor sobre cómo educamos, en qué educamos y en último término, para qué educamos. Creo que tiene razón en el fondo y en la forma porque seguimos educando parecido, pero ahora no sólo los adultos o sus iguales tienen cartas en el asunto, sino que hay un montón de factores adicionales y externos que también influyen.

No, no le voy a echar la culpa a la sociedad, a la tele o a los videojuegos, ni siquiera a la radio que tan poco oyen nuestros retoños, y creo que es mejor hablar de responsabilidad que de culpa. Los deportes infantiles de grupo han sido una forma de educación un tanto resbaladiza, primero por quiénes los impartían, habituales practicantes de ese deporte frustrados o que creen que lo saben todo, y luego toda esa caterva de padres y madres desatadas que en las competiciones enseñan su cara de forofogoitia, en el peor de los sentidos. He visto enfrentamientos en las gradas que daban verdadera vergüenza ajena, entre padres y madres que les transmitían a sus hijos ese "fair play podrido" del "yo chillo más que tú"y el árbitro es un c*brón.

Además los deportes casi son los sustitutivos de las peleas a tortas de nuestras antiguas tribus, de las escaramuzas a pedrada limpia o de las luchas banderizas si nos ponemos espléndidos, así que parecen una escuela de socialización adecuada para el modelo de sociedad que vendemos y nos venden. Los deportes donde se coopera, los juegos donde no hay ganadores, los procesos de paz donde no hay vencidos, pues eso, que no gustan. Nada de nada.

A mí sí, ¡¡¡que conste!!!

2 comentarios:

kanif dijo...

Y es curioso,porque lo mismo que hay gente que nace competitiva por naturaleza y no le cuesta nada daptarse a los juegos de sumas a cero, la hay que nace sin instinto de competición y se sienten mal cuando deben imponerse sobre los demás. Claro, acaban ganando siempre los primeros.
Y la sociedad siempre ha valorado más a los primeros, los que ganan, los que se imponen... y así nos va.

Gracias por el homenaje, colega.

balen dijo...

Kanif, sin que sirva de precedente: no estoy de acuerdo contigo;-)
Los 'primeros' no siempre ganan a los 'segundos'. Yo soy muy competitivo, pero sólo con una persona: conmigo mismo. ¿Competir con el resto? Creo que nunca lo he pretendido, y creo que no merece la pena -es mi forma de ser-. Y, cuando alguien tiene ganas de competir conmigo y yo no, pues no compito y hago lo que los árabes: simplemente espero en el umbral de mi puerta...
Repartíos el abrazo.
P.S.: Hombre, otra cosa es sentarte en una timba y querer ganar, pero no creo que iban por ahí tus 'tiros', ¿no Kanif?