jueves, 22 de septiembre de 2016

Las diferentes formas de implicarse en la labor educativa

 Stajánov

Llevo ya muchos años en Educación, desde aquel 3 de diciembre de 1987 donde me estrené en una clase de FP para impartir algo que no había estudiado. He pasado por unos 14 institutos, saqué unas oposiciones y tengo mi puesto definitivo en un pequeño insti de la Bizkaia profunda donde, por cierto, dar clases es una gozada. Podría ponerme en plan friki y decir aquello de "yo he visto cosas que vosotros no creeríais, atacar naves en llamas más allá de Orión...", pero voy a ser más prosaico y voy a hablaros de lo que dice el título de este post. Claustros diferentes, profesorado diverso, alumnado variado, así es la pública en Euskadi, mucha gente diferente educando a gente también dispar. Vamos al lío.

Ahora sí, yo he visto cosas increíbles, desde la persona que llega nueva y se quiere comer el mundo (yo soy de esos), o la que busca cualquier resquicio para escaquearse, desde la que no puede parar de innovar, a la que si la sacas del libro de texto le has hecho un hijo de madera. En esa fauna que puebla nuestros centros educativos hay tanta variedad como en la sociedad misma, pero un insti es un centro de trabajo, es en eso donde nos tenemos que concentrar y ahí es donde la liamos. En los centros con un profesorado casi clónico, ese proceso quedará bastante diluido, pero frente al que siempre llega impuntual, el que trabaja lo justo o el que exige demasiado o demasiado poco, estarán los estajanovistas que parecen vivir en el insti, los entusiastas que parecen disfrutar o la gente que no concibe esto de instruir y educar sin una tutoría personalizada que le absorba más horas de las que tiene. Y ahí está el quid de la cuestión, en el nivel de implicación en esa labor que nos exige la sociedad y que ha convertido a todo el cuerpo docente en una especie de mezcla de sabio/a + psicólogo/a + cura + paño de lágrimas + consejero/a siempre veraz. Enseñantes de todo tipo se implicarán más o menos según su propia naturaleza, bien es cierto, pero los que no lo hagan deberían de recibir nuestra censura, y en eso no admito medias tintas, o haces bien tu trabajo o no cumples y te vas, la Educación no es para ti.

Seguro que os habéis visto reflejados o habéis tenido maestros y maestras que respondan a los retratos robot que he dibujado arriba, pero quiero ir más allá. Quiero que se entienda que en esa variedad reside parte del secreto de algo que debemos enseñar sí o sí en nuestros centros: la adaptabilidad. Llega gente nueva al insti cada año y ves los mismos errores o los mismos aciertos que tú has tenido a lo largo de esta carrera de fondo, personas a las que les fastidia faltar un día aunque tengan una cita médica ineludible, o por el contrario, aquellas otras que saltan de baja en baja por un uñero. Nuestro alumnado enseguida nos cala, después de dos clases sabe quién es currante y quién no, tiene claro con quién va a aburrirse en clase y con quién se lo va a pasar cañón, y lo más importante, sabe cómo adaptarse, cómo cambiar su comportamiento para que el Quijote o el Sancho Panza, la Bruja o el Hada Madrina, no le cojan manía. El secreto de la evolución no está tanto en la supervivencia del más fuerte sino en la adaptabilidad, en quién se acopla mejor al medio ambiente, quién aprovecha los recursos en su beneficio y sale adelante. Cuando éramos alumnado lo hicimos, ahora somos agente de ese proceso desde el otro lado, es una aventura apasionante.

Para acabar he de decir que parte de esa adaptación que hace el alumnado a nuestra implicación se contagia al profesorado, y creo que voy a necesitar otro post para explicar semejante afirmación. Otro día.

3 comentarios:

Mikel Agirregabiria dijo...

Me ha gustado el post, Mikel, y comparto lo expuesto. Saludos

MiKeL Ortiz de Etxebarria dijo...

Gracias, Mikel. Seguimos en la pelea.

Anónimo dijo...

Bonita tu reflexión. Muy de acuerdo contigo....
Muchas gracias.