jueves, 8 de agosto de 2013

Las TIC y el profesorado, el idilio que no fue.


Hablar de Tecnologías de Información y profesorado siempre resulta espinoso y en este escrito explicaré mi visión personal del asunto. Si todo hubiese funcionado como nuestros deseos podríamos estar hablando de un idilio que uniese a los contrayentes del título, pero esa historia de amor suele derivar en odio con demasiada facilidad, tal vez porque muchos no saben surfear esta Tercera Ola, la tecnológica, tal vez porque nuestra escuela se inventó para llenar minas y fábricas de gente sumisa a la Segunda Ola, la industrial. La Primera Ola, la agraria, no implicaba la presencia de escuelas porque los conocimientos necesarios pasaban de progenitores a vástagos y no se requerían especiales destrezas para manejar herramientas sencillas. En la última década el avance y el progreso han hecho que nos replanteemos el modelo de escuela, porque fuera de ella la ola tecnológica ha sido todo un tsunami que ha cambiado la forma de entender el conocimiento, la ciencia, la economía y hasta las relaciones humanas.


Llevamos algunos años conviviendo con las TIC, empezamos a finales de los 80 con aquellos vetustos ordenadores que se usaban para gestión y poco más. Los procesadores de texto eran de llorar (Writing Assistant, WordStar y lo más “in”, el WordPerfect), Internet llegaría años después y lo multimedia era inexistente. Muchas personas de las que damos clase actualmente tuvimos entonces nuestro primer encuentro con la “máquinas” y pocos podían pensar que podrían entrar en las clases para nuestra docencia. He de recordar que los actuales docentes somos hijos e hijas de otro sistema educativo que es el que nos formó, y como ya expliqué en otro post, ahora se ha convertido en el enemigo a batir. Somos pues unas cuantas generaciones de adultos docentes que han estudiado a golpe de libro, boli y papel. Ahora es tiempo de recordar la primera ley de Newton, la de la inercia, y hasta aquí puedo leer.


En los primeros años del siglo XXI los ordenadores se colaron en la preparación de nuestras clases, en los deberes, en la forma en que nuestro alumnado adquiría información, pero las TIC estaban en la órbita personal o en las clases de informática como mucho. En un momento dado, a nuestras autoridades educativas debidamente aleccionadas por pedagogos a la última y geeks de todo pelo bastante frikis (yo soy de esa tribu), hicieron una apuesta tirando a cara para meter ordenadores y pizarras electrónicas que en realidad eran el caballo de Troya para cambiar la forma de dar clase, ¡glub! Y ahora viene cuando la matan.


Ya tenemos cacharros más o menos avanzados en clase, poseemos un arsenal de programas para enseñar casi cualquier cosa, disponemos de sistemas parecidos a las redes sociales donde poder depositar (¿verter?) materiales, contenidos, ejercicios y deberes que luego podremos evaluar (al más puro estilo 1.0), en algunas aulas hasta cada alumno o alumna tiene un netbook cargado de joyas informáticas de las que usará un 10% a lo sumo y la pregunta es, y la voy a gritar:


CON TANTA PARAFERNALIA DE TECNOLOGÍA EN NUESTRA MANO, ¿HEMOS CAMBIADO ALGO NUESTRA FORMA DE ENSEÑAR?


Vale, es una pregunta retórica porque la respuesta es que salvo un pequenísimo porcentaje del profesorado, bastante heterogéneo además, esto es, frikis del chip, educadores que se lo creen y demás “probadores de nuevas sensaciones”, pues eso, que en cada escuela, en cada insti, descontando a los mencionados arriba en cursiva, la inmensa mayoría no surfea esta ola. Por desgracia.


Desde los ojos de un geek como yo, un enamorado de la tecnología en todas sus formas y que procura enrollarse con el alumnado para que se enamoren de su asignatura, desde esta miopía que me caracteriza, veo que la gente en edad provecta que da clase no se engancha a las TIC y si lo hace le dura poco. Algunos docentes(?) usan el Moodle o el Edmodo de aquella forma que nos recordaba “El libro rojo del cole”, como almacén de todos "sus" contenidos, con preguntas a la sazón, con plazos de entrega estrictos y control total de las actividades delante del teclado... de su casa. Luego también están los que se enganchan demasiado y olvidan que hay que seguir usando lápiz y papel (y goma para borrar errores), que la memoria es una muleta excelente para la mente y que además, y como guinda de plomo en este pastel, piensan que lo mejor está por venir, más pantallas, más interacción digital, más cacharritos a la última.


Vale, ya he dibujado un negro panorama, como esas pantallas del antiguo MS-DOS, y ahora es tiempo de llenarla de ideas brillantes. Algunas se apuntan en este post que es de donde he sacado el dibujo de arriba, pero un decálogo me suena a muy cristianito y demasiado de siglos pasados. Estamos en el Tercer Milenio de nuestra era (por mucho que se empeñe Friker Jiménez), y como bien dice en Twitter el ínclito @yoriento, Alfonso Alcántara, "las TIC llegaron antes de tener una cultura de producción y elaboración" a lo que @ojulearning apostilla "que además avanzan más rápido" de lo que somos capaces de asimilar. Nuestra generación y toda la que se ha criado en esa escuela de la Segunda Ola, la industrial, somos de la cultura de la transmisión, oír, copiar, escupir en un examen, esperar que algo se haya quedado, volver a oír, leer, ver, escuchar y repetir el proceso, y nuestra forma de aprender y de enseñar sigue siendo la misma. ¿Y era del todo mala?

Los y las docentes vamos alegremente a esos saraos donde nos enseñan a manejar lo último de lo último, aquello que otra persona domina y aplica en sus clases con mejores o peores resultados, y luego vemos si "eso" es aplicable a mis fieras. El cursillo que te dieron de aquel maravilloso programa que hacía mapas mentales se quedó obsoleto al mes siguiente. El programa contenedor ese con diseño espartano te parece feo de narices y una forma de meter materia a paletadas. La apuesta por tablets en la esperanza de que a más rapidez de encendido, y como por arte de magia, más capacidad pedagógica que me va a crecer de la nada, es una filfa. Y así ad infinitum


Teniendo en cuenta quién da clase hoy en nuestras escuelas e institutos, y ante todo y sobre todo, teniendo en cuenta cómo da clase, hemos de ajustar las TIC para que hibriden con ese sistema de "transmisión" que han sufrido y que es casi lo único que saben hacer. ¿Cómo? Pues dando todo tipo de facilidades, no obligando a nada pero creando alternativas atractivas sin pretender que todo el mundo haga lo mismo porque la herramienta ha de ser la misma para todo el sistema educativo (Moodlers, zas, en toda la boca!), y ajustando las múltiples posibilidades que dan los cacharritos y sus programillas a las necesidades de alumnado y profesorado. Tengo ideas pero este post ya es muy largo.

Si preguntáis contesto, si os metéis conmigo también. Es vuestro turno.

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