sábado, 29 de marzo de 2014

Toda causa necesita mártires

Anoche estuvimos cenando en casa de un amigo una docena de personas bastante duchas en política, y les comentaba que estaba redactando un post para este blog sobre el aparente interés del gobierno en que haya un policía muerto en alguna algarada, algo que les dé carta blanca para legislar en consecuencia. Hoy nada más despertarme, Javier Gallego, alias Carne Cruda, había publicado mi borrador debidamente mejorado en esta columna de eldiario.es. Vayan, lean y vuelvan. Pueden pararse en este otro audio para que sepan cómo las gasta Javier Gallego.

En Euskal Herria y desde que tengo uso de razón he visto disturbios en la calle, ahí van unos ejemplos:


  • Cargar a los grises de forma indiscriminada un 1 de mayo de la gloriosa transición liderada por Suárez, con peques y abueletes aporreados sin compasión y librándome por los pelos porque corrimos más que ellos.



  • Mi abogado del KEM-MOC tuvo un porrazo de 38 cm en la espalda en una concentración pacífica que hicimos los antimilitaristas en Bilbao, atizado por uno de la policía nacional justo antes de que fueran sustituidos por los de rojo y negro locales, la Ertzaintza.
  • Los de rojo nos han dado para el pelo en algunas concentraciones de profes, pero como somos muy moñas bajamos las orejas y nos fuimos.
  • Los de negro, los antidisturbios locales, han tenido actuaciones vergonzosas contra cualquiera, ya fueran sospechosos de ser abertzales o vecinos indignados por cualquier cacicada del mandatario de turno, hasta tienen alguna muerte en su nefasto historial, Íñigo Cabacas.

En la cena se plantearon preguntas interesantes:


  • ¿Quién otorga legitimidad a las acciones violentas de los policías o los manifestantes? ¿El que mira? ¿El lema de la convocatoria? ¿La emisión o no de imágenes?
  • ¿Se mira con iguales ojos la quema de un banco si la convocatoria es contra la Troika o es a favor de los presos, por poner un ejemplo?
  • ¿Hay alguna intención oculta en dejar aislada a una patrulla de policías en medio de una multitud harta de abusos de todo tipo?

Hilando la última pregunta y la columna de Javier Gallego, será que soy un conspiranoico y no lo quiero reconocerlo, pero si yo quisiera ser maquiavélico en el poder no me cortaría en forzar una situación para que mi intención de legislar contra las libertades ciudadanas tuviera un mártir con nombre y apellidos, alguien al que lloraría su familia y muchos ciudadanos bien intencionados, y que sería la excusa perfecta para leyes aún más restrictivas de participación popular. No es por dar ideas pero parece que ese es el camino que ha elegido el meapilas del ministro de interior y el gobierno en pleno aplaude con las orejas.

Los antidisturbios han elegido un trabajo ingrato, hasta hace muy poco eran temidos y respetados por el miedo que generan, pero eso se acabó. De poco les sirve ser unos viciados de la adrenalina, unos vigoréxicos sumisos a la orden de aplastar cabezas que llegue desde arriba, eso se acabó. Seis años de crisis y situaciones económicas insostenibles hace que la gente no tenga nada que perder y lleguen a la conclusión más visceral y sencilla: "¿Quieren palos? Pues los tendrán".

En otra entrada de este blog abogaba por los medios no violentos a la hora de luchar en las calles contra las situaciones injustas. Me reafirmo en ello porque es un hecho constatable en nuestra corta historia que la violencia genera violencia y no suele terminar bien. Para acabar, invito a leer otra entrada de una persona con la que casi estoy totalmente de acuerdo y que escribió algo que ya se delata desde su título: Cada pedrada que recibe un antidisturbios es una derrota para nosotros



No hay comentarios: