domingo, 9 de febrero de 2014

Vuelvo a la carga después de 2 meses dándole en toda la boca a la enseñanza concertada


En estos días he leído un par de artículos de prensa que me han puesto los pelos de punta y eso que de natural están bastante revueltos. El primero era de El Mundo y se titulaba "La enseñanza privada ganó 543 millones en 2012 a pesar de la crisis", pero en el segundo párrafo aclara que en la definición de privada entraba la concertada ya que son centros financiados o no con fondos públicos. El segundo es uno de La Vanguardia que se hace eco de un estudio de la OCU, la Organización de Consumidores y Usuarios, y que también llevaba un título elocuente: "Un  colegio concertado cuesta un 70% más que uno público, según la OCU". Vayan, lean y luego vuelvan un pelín más cabreados.

Podría entrar a degüello con la filosofía que hay detrás de la enseñanza concertada, teniendo en cuenta que escribo desde el País Vasco donde un 50% del sistema educativo está en sus manos, pero no. Podría descargar mi ira sobre las subvenciones que dan los políticos que rigen lo público a centros de titularidad privada, las más de las veces sin ningún control y sin pedir nada a cambio a esos entes intocables que son los colegios privados, concertados o ikastolas, pero tampoco, me voy a contener. Lo que no me resisto es a dar una opinión sobre la financiación de todo un sistema de enseñanza en tiempos de crisis, de recortes, de pérdida del supuesto estado de bienestar que se traducía en unos buenos servicios públicos, de todos y para todos.

Veamos, establezcamos prioridades. Para que una sociedad que aspira a ser justa y solidaria tenga los instrumentos adecuados, tiene que plantearse en qué gasta y cómo gasta los impuestos de la ciudadanía. Cuando en un hormiguero las reservas están al mínimo y fuera hay un problema de frío o sequía que hace difícil la recolección de la comida, de las ninfas que las obreras cuidan y alimentan no salen hormigas soldado sino obreras, exploradoras que se afanan en la búsqueda de víveres. La dictadura química que gobierna un hormiguero donde la reina pinta menos de lo que se cree, hace que los recursos se regulen, se administren mejor, se elimina lo superfluo y se trata con mimo lo que es para todas. Espero que el ejemplo se haya entendido cuando pido que se aplique a la enseñanza, a la sanidad o a los transportes, la columna vertebral de una sociedad, y que si yo doy una porrada de millones a entes privados de enseñanza, es doloroso que en plena crisis digan que se han quedado con 549 millones de euros en forma de ganancias de los 6.410 millones que les da el estado. También se me puede argumentar que parte de esos 549 millones son de los 4.134 millones que reciben mediante las cuotas, que por cierto no tendrían que pagar los progenitores, como bien queda explicado en el informe de la OCU.

Nuestro instituto, y supongo que todos los públicos, no puede tener ganancias, nuestros balances se cierran a cero. Si queda algún remanente es porque se espera un gasto más alto y fuera de presupuesto respecto a chapuzas varias en la infraestructura o en la compra de libros, y hay que justificar hasta el mínimo gasto, todo, absolutamente todo. Pero la concertada tiene su patronal (en Euskadi creo que hay varias), y como son tan buenos gestores presumen de ganancias. Poco presumen del exceso de trabajo al que someten a sus docentes, de las pegas que ponen a la entrada a sus centros de alumnos problemáticos, ya sean inmigrantes o no, del adoctrinamiento al que es sometido su alumnado, aunque suelen decir y con razón, que es el elegido por padres y madres. El argumento de que los padres y madres tienen que poder elegir el tipo de enseñanza que quieren para su prole es fácilmente rebatible con otros dos postulados:

1.- Si quieres sanidad privada te la pagas al 100%, sin subvenciones; si quieres enseñanza privada (la concertada es una privada subvencionada) te la pagas, a pinrel!
2.- Si con tus impuestos dices que pagas un modelo educativo que no usas, el público, te aplicas el primer postulado.

Ahora los fanboys de la concertada vendréis con el argumento demoledor de que no hay sitio para todos en la pública y que la concertada sale más barata al estado, y para eso también tengo respuesta. Con el concordato con la iglesia católica parte de la educación se regaló a los colegios religiosos y para mantener ese monstruo que en algunos casos ha dejado vacías las aulas de las escuelas públicas, se subvencionó por decreto. Una pregunta malvada: ¿las preciosas instalaciones deportivas que tienen algunos centros privados han salido de la buena gestión de lo privado o de la subvención pública? Otra: ¿Los beneficios de la privada no habría que detraerlos de las siguientes subvenciones que haya que darles?

Conclusiones, en este estado de las cosas es evidente que proponer la nacionalización de todos los colegios en manos privadas es poco menos que una quimera o una utopía, pero me apetece pedirlo. Habría que ser un tanto más exigente con los centros privados, inspeccionarlos sin cortapisas y ya que reciben dinero público, y mucho además, empezar a exigirles que no pongan tantas trabas a la entrada de cierto tipo de alumnado, que no expulsen a la pública a los que no consideran de su privilegiada clase, y que si tienen ganancias han de tener menos subvención sí o sí. La enseñanza ha de ser un servicio, no un negocio, leches YA! Ensalzamos el sistema educativo finlandés con envidia cuando allí tienen un 98% de enseñanza pública, pero aquí miramos para otro sitio y nos quedamos con el "¡Ay qué buenos son los padres XXX (ponga lo que corresponda), ay qué buenos son que nos llevan de excursión!", previamente pagada a tocateja por los progenitores.


P.S.: Por cierto, y como os veo venir, he de decir que yo no puedo hacer demagogia porque no soy político y no quiero ningún poder. Repasen la definición de demagogia y aplíquenla bien:

Demagogia.

(Del gr. δημαγωγία).

1. f. Práctica política consistente en ganarse con halagos el favor popular.

2. f. Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.

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