miércoles, 18 de julio de 2012

Para gobernar hay que saber jugar


En 1983, cuando yo hacía mis pinitos en la informática con el ZX Spectrum, salió a la luz un juego que os invito a disfutar en esta web. Bajo el sugerente título de Dictator, emulaba el gobierno de un país donde tú eras el dictador y tomabas decisiones que convenían más o menos a cada sector de la población. Cada mes una audiencia con un sector al azar, por ejemplo, los terratenientes, te ponía en la tesitura de tener que decidir algo que iba a afectar a los paisanos, al ejército, a los países vecinos, unos de derecha y otros de izquierda, o sea, que al final te ibas enemistando o amigando con partes del pueblo hasta que se mosqueaban, se unían y te la liaban parda. Si habías tenido la precaución de comprar un helicóptero de escape saldrías indemne, sumabas puntos y a otra cosa, mariposa, pero las más de las veces te pillaban y ¡zas!, al trullo. Bueno, ¿y a qué viene toda esta divagación? Salto de párrafo y vamos al lío.

Cuando uno se ofrece a dirigir un país, gana unas elecciones presentando un programa con lo que va a hacer y por tanto también con lo que no va a hacer, se supone que tiene una idea de por donde van los tiros. Además, se suele presumir de haber hecho una oposición responsable, de conocer los entresijos del poder porque ya se ha estado en él (8 o 48 años, según se mire), y de manejar los resortes económicos y sociales adecuados para tamaña faena. Pues bien, con todo y con ello parece que lo primero que hay que buscar es el culpable adecuado, el mangarrán que ha estado antes que tú y que era un inútil integral, la situación mundial, el calentamiento global o el esguince a mala baba del delantero estrella del equipo del gobierno, la vergüenza del país. Que tú lleves en el poder un tiempo, que tengas a las mejores cabezas pensantes a tu servicio, que la gente te haya votado en masa o que estés haciendo justo lo que los que de verdad mandan te ordenan, no parece garantía de éxito. Se podría aventurar que en realidad no sabes gobernar, que si el otro era un inútil tú eres un cenutrio del mismo pelo, o se podrían echar balones fuera culpabilizando a distintos sectores sociales, uno a uno o todos a la vez, en la estúpida pretensión de que eso no iba a tener ninguna consecuencia. Si hubiesen jugado al Dictator se darían cuenta de que si mueves algo en el entramado social, por lógica algo se menea para bien o para mal en otro ámbito, y ya te puedes ir comprando un helicóptero de escape porque las cosas se van a poner feas, muy feas, horribles más bien, y vas a arrastrar en tu caída a todo un país. 

Para gobernar, hágannos un favor: aprendan a jugar. Y a perder.

1 comentario:

Iñaki Murua dijo...

Me temo que en vez de jugar algunas y algunos estaban pensando en otras cuestiones que debían ser más serias pero que no han dado mucho resultado

(por cierto, yo jugué un par de veces y siempre tenía un golpe de estado, en fin)