domingo, 1 de junio de 2008

Llueven 4 gotas y la cosa se pone fea...

Hoy he repetido del plato fuerte ese de ir a ver la ría cuando se pone cachonda. La tarde-noche del 26 de agosto de 1983 también bajé pero aquello era mucho más grave, tanto es así que vi y oí romper amarras al barco Consulado de Bilbao, y como tantos otros, corrí para ver si se llevaba por delante el puente de Deusto.

Hoy sí que bajaba cabreada, mucha cantidad de agua y bastante rápida pero no había llovido tanto como aquel agosto. Me he bajado a Ripa con un bocata a ver llegar la hora de la pleamar (debidamente repetida por Javier Vizcaíno en su programa reconvertido), y bueno, algo menos de un metro ha quedado para el desborde en pleno Arenal. El Nerbión o el Ibaizabal han tenido que reventar una tienda de deportes o el gimnasio de una escuela porque en los tres cuartos de hora que he estado viendo pasar troncos, bombonas de butano, fardos de hierba y mil cosas más, también han pasado más de 8 balones de fútbol, baloncesto, futbito, normales, de superheroes, y hasta uno de cuero blanco inmaculado.

Una vez más la Naturaleza quiere su lugar, el que le hemos robado con la urbanización, con canalizaciones artificiales de ríos que se ponen farrucos cuando crecen, como el Gobelas en Romo y Las Arenas, o el Elgera en Rekalde, o el Asua en Lutxana. Y como reza el dicho popular, nos acordamos de Santa bárbara cuando truena, que suele ser cuando ya es tarde para remediar la que se nos viene encima.

Inciso repollo:

La gente de la Ribera de Deusto que ha visto muchas inundaciones, teme más a la segunda pleamar porque al retirarse la primera va depositando todo el fango que traen los ríos en crecida y reduciendo el calado, de forma que la segunda tendrá menos sitio donde poner todo el agua que va a meter desde el mar. Unos cuantos datos: una marea muerta hace penetrar en la ría unos 2,5 millones de metros cúbicos, o sea, dos veces y media lo que aportan los ríos en periodo de estiaje, en verano, pero una marea viva introduce 7,5 millones de metros cúbicos, es decir siete veces y media la cantidad que aportan todos los ríos que van al Abra. La marea es mucho más importante en volumen que todo lo que venga caído del cielo, rodando por las peladas laderas y de todos los ríos y riachuelos del sistema cuando no tienen mucha chicha.


PS: Y encima se nos ha jorobado la fiesta de la Escuela Pública Vasca, merde!

Para los que quieran ver las fotos que he hecho bajo la pertinaz lluvia, pinchen aquí, no se me arruguen.

1 comentario:

Iñaki Murua dijo...

Yo también tuve la tentación de bajar... pero es que hace 25 años fui uno de tantos protagonistas directos, de esos a los que ofrecieron salir en lancha por la ventana de casa.

A mí me sigue sorprendiendo esa dualidad en la que vivimos, de sequía o de inundación.