Situación1: Tren de vuelta de Bilbao a Berriz, más o menos a mitad de camino. Vagón del centro con unos veintitantos adolescentes de 14 y 15 años, ruidosos pero formales. En el último vagón entra un hombre de origen sudamericano por su color, armado con su guitarra y se pone a cantar. Revolución en el vagón del centro, el nuestro, cuando lo ven a través de la ventanilla de la puerta entre vagones ¡Glub! Me temía lo peor, esto es, una panda de adolescentes metiéndose a saco con el juglar, así que me preparé para levantar la voz en el momento adecuado. Acabada su actuación, pasa a recoger lo que le da la audiencia y se dirige a las puertas intervagones. ¡Glub de nuevo! Situación2 : El cantor entra en nuestro vagón y... cerrada ovación de mi alumnado. Atraviesa el primer descansillo, pasa por delante de todos nosotros diciendo "¡qué público más maravilloso!", y se dispone a cantar en el segundo descansillo, en la puerta del fondo. A ver, veintitantos sacos de hormonas, un ca...
Comentarios
quecaro: Pues sí pero puedes pensar qué habrá pensado antes de darla y tendrás una pista.
JV: Tú lo que eres es lo que te dijo aquel bloguero en la primera quedada y además en directo, y como aquella vez, lo corroboro, mamoncio.
Más bien, yo diría que la agresividad tiene que ver con la chulería y/o la prepotencia, y la violencia, con la soberbia.
Y algunas veces alguien pacífico (no agresivo) no tiene más remedio que utilizar su soberbia para evitar que el agresor le pise.
Y, cuidado, que no me estóy refiriendo a la violencia física. Es más, creo que algunas veces es mucho más dañina una sonrisa que una bofetada.
Abrazosss.